domingo, 10 de abril de 2016

Oniria (15)

Parte 15

“En el mundo de la oniria, él es sin duda la creatura más compleja, sus cualidades van mucho más allá de alimentarse de la energía que forma portales entre el mundo corporal y el mundo de las ideas, él puede incluso controlar el curso de estos portarles, cerrarlos y abrirlos conforme su propia fortaleza le permita. El inconsciente humano está lleno de una inmensa cantidad de esta energía, sin cause y sin control, que se libera durante el sueño, siendo este el momento predilecto para que el Comesueños se alimente y pueda ejercitar sus habilidades somnífagas. Quienes lo invocaban, no solo aseguraban haber dejado atrás las pesadillas, sino también,  haber adquirido sensación de alivio y sueños más tranquilos, lo cual es apenas natural, para la mente humana común, la acumulación de esta energía suele ser abrumadora y difícil de manejar. El Comesueños, por su parte, la podía consumir completa ignorando la existencia de estos portales, sus cauces o propósitos; pues a esta creatura poco parecen afectarle. A pesar de poder manejarla, él solo busca consumir la energía inconsciente en sí, y no el uso que se pueda hacer de ella.”
La anciana interrumpió la lectura al escuchar un ruido en la puerta ya cerrada de la tienda, el lugar estaba solo y silencioso, colocó el enorme libro de cubierta de cuero vino tinto sobre el mostrador, buscando alrededor con los ojos rodeados de arrugas. Las luces del lugar comenzaban a titubear, el loro en la jaula revoloteaba alterado sin razón aparente –Calma Federico ¿Qué es lo que te sucede?
Una brisa fuerte golpeó la puerta, los candelabros y las lámparas de pared comenzaban a estremecerse en la pequeña tienda, una niebla grisácea teñida de negro se colaba al interior de la sala por la rendija de la puerta, la temperatura había bajado de manera súbita.
-¿Quién anda allí? –Preguntó ella mientras se frotaba los brazos ante el ambiente repentinamente gélido. Una nube oscura comenzaba a formarse a los pies de Aldana, justo en mitad de la tienda, se hizo tan turbia que pronto se convirtió en un torbellino de humo tiznado que se alzó con violencia haciendo caer los objetos de los estantes y obligándola a cubrirse el rostro con los brazos. Los faldones de la vieja se alzaron y sus largos cabellos se desordenaron mientras ella retrocedía unos pasos tras el mostrador. Un gruñido estruendoso, comparable solo con el rugir de una bestia, resonó con fuerza, ella se estremeció al alzar la mirada y encontrarse con un enorme par de ojos negros como los más profundos hoyos elevados en mitad del oscuro nubarrón.
Elías se había expandido con todas sus fuerzas y se había deslizado hasta el interior del lugar, la  furia lo dominaba mientras se levantaba sobre la anciana. La energía ardiente que emanaba de cada partícula de su cuerpo evaporado causaba revuelo en el lugar. Recordó cómo hacía tan solo un rato había visto a Fernanda entrar en la tienda con gran familiaridad. No pudo evitar que el enojo le sobrecogiera, las brujas no solo se conocían, sino que estaban emparentadas y de seguro se habían confabulado para envenenarlo. Su interior tembló y la nebulosa se hizo aún más turbia. Cuando estuvo listo para arremeter contra la vieja, esta sacó un objeto de su bolsillo y lo llevó a su boca. Un chillido estruendosamente agudo golpeó sus oídos y retumbó en su cabeza dolorosamente, haciéndole perder el equilibrio.
El vapor oscuro se recogió rápidamente hacia el centro hasta densificarse y el cuerpo de Elías cayó pesado sobre el piso. El joven se cubría los oídos desesperadamente -¡Para!  -Chilló, entonces Aldana sacó de su boca lo que parecía ser un silbato.
-Baku kurae –Sentenció ella, la inseguridad se podía detectar, pero la insolencia era innegable, la bruja había rebasado su cuota de paciencia y autocontrol.
-No sabes lo que haces, bruja –Se incorporó dejando que sus ojos se ennegrecieran nuevamente –No puedes invocar lo que ya está frente a tus ojos, menos cuando se dispone a despedazarte.
-Tenía que intentarlo, Baku –respondió la mujer intentando ocultar el estremecimiento que se evidenciaba cuando veía los ojos de Elías, aquello le causó a él cierto regocijo –No puedo invocarte, comprendo que no eres un espíritu.
-Soy real, y te prohíbo que me llames de ese modo –Impuso dando dos pasos hacia ella, el disgusto que le causaba aquella palabra era algo que nunca había podido superar.
-También he comprobado lo que dicen del… -Ella se interrumpió –De los que son como tú; que tienen el oído desarrollado, apuesto a que encuentras el sonido de este silbato un tanto tortuoso –indicó poniéndose el objeto cerca de la boca, se había atrevido a amenazarlo.
-Dudo que hayas tenido la oportunidad de toparte con alguien como yo antes, si supieras de lo que soy capaz, no te atreverás si quiera a mirarme a los ojos.
-No dudo de sus habilidades joven… Elías. Es su nombre ¿verdad? Debí saber que se trataba de usted cuando lo vi, su presencia emanaba acongojo, se nota que tiene un padecimiento, de lo contrario no estaría aquí tan alterado.
-¡Por supuesto! Ustedes, brujas, me envenenaron –Gritó él acercándose más.
-Nadie aquí  ha buscado causarle mal, por el contrario, mi nombre es Aldana y le puedo ser útil, más que mil libros antiguos, si lo que busca es curarse y entender lo que padece –Elías alzó la ceja, la mujer tenía maneras y un discurso elocuente combinado con una notable perspicacia -Y naturalmente no nos referiremos a nosotros mismos en términos que sean difíciles de gesticular, como bruja o baku. Solo aceptemos que somos personas con condiciones especiales.
Ella había conseguido confundirlo –¿Juegas conmigo? –Preguntó –Yo la vi. Vi a Fernanda entrar aquí, sé que son cercanas  y ella fue quien me hizo esto, ustedes me envenenaron.
El Comsueños
-Mi sobrina no tiene culpa de nada, ella es menos consciente que cualquiera de nosotros de lo que está pasando. Debes alejarte de ella –Aldana lanzó suavemente el libro que minutos antes estaba leyendo, a los pies de Elías y alzó los brazos en signo de rendición. El grueso libro cayó abierto en una una de sus páginas del medio; en una hoja  de papel desgastado y viejo como el resto del libro se leía “El comesueños”. En la página se dibujaba una bestia de ojos negros, orejas y rostro felinos, pero de ella sobresalía una larga trompa adornada por dos imponentes colmillos de marfil, el pelaje era espeso en el cuello y disminuía a lo largo del  tenso lomo, este último se adornaba de manchas similares a las de un tigre, y finalmente del cuerpo se extendía una cola delgada y cuatro gruesas patas que terminaban en formidables garras felinas que amenazaban con desgarrar el papel sobre el que estaban plasmadas. La criatura se expresaba intimidante en pinceladas finas y tonos sepia y gris con increíble lujo de detalle, dejando a Elías congelado.

-Ese eres tú y yo solo busco la forma de ayudarte, Fernanda ni siquiera es consciente de sus propias habilidades, y cuando lo sea, debes estar seguro que envenenar personas no será una de ellas –Aldana tenía los ojos bien abiertos y mostraba la mayor de las franquezas.
-¿Por qué debo creer que usted quiere ayudarme? –Dijo permitiéndose demostrar un poco más vulnerable en la negociación, la verdad era que con el paso de los días, el veneno que llevaba en el interior se hacía más palpable y difícil de lidiar.
-Hay algo mal en ti y eso involucra a mi sobrina. Debemos solucionarlo ¿No era eso lo que le exigías amenazante a ella? Te estoy diciendo que ella no puede ofrecerte una solución, yo sí y estoy tomando su trabajo.
Aldana se sentó y señaló el otro asiento invitándolo. Aunque aquello había entrado en cierta calma, a Elías no se le antojaba como una genuina conversación, desconfiaba de la mujer con cada fibra de su ser, así que se quedó de pie con los brazos cruzados ideando la forma de arrancar el silbato de las manos de la anciana. Se había topado con brujos antes, todos en su mayoría eran charlatanes, algunos con cierta energía peculiar, fuerte y a veces oscura. Procuraba alejarse de ese tipo de personas, repelía todo lo místico por irónico que pareciera, pero nunca se había topado con una energía tan atrayente como la de Fernanda. En ese preciso instante creía poder sentirlo, si prestaba suficiente atención, era como estar en el centro de un torbellino que se alzaba envolviéndolo y haciendo sus entrañas palpitar.
-O podría matarlas a las dos y solucionar el problema –Sentenció recuperando propiedad.
-O podría morir con nosotras su última oportunidad de salvación –Ella empezó a caminar de un lado a otro tomando unos tres libros –He pasado toda la tarde investigando, no ha sido difícil encontrarte, es demasiado fascinante. Te alimentas de las vibraciones psi o energía inconsciente y debes sentirte atraído por los sueños, que son la máxima acumulación de esta. Te escabulles para absorberlos, son tu alimento, lo que implica que eres nocturno, debes poder ver y escuchar en la oscuridad más absoluta, como un animal –Ella sonrió entusiasmada –como un tigre o un león, algo parecido a tu verdadera apariencia ¿No?
-Absurdo –Elías frunció el entrecejo –Lo que ves es lo que soy –él hojeaba los libros sin quitar los ojos de la mujer por completo –Esto no es más que un montón de mitos y leyendas. Comienzo a desesperarme.
-Entiendo, pero debes decirme más sobre ti, entonces entenderé mejor cómo funciona.

-Te diré como funciona; entró en mí cuando apenas era un niño, desde entonces si no lo sacio, como la bestia que es, me destruye por dentro. Los alimentos comunes no llegan a nutrirme, mi cuerpo se desmorona y me es vital entonces, con la ayuda de las habilidades nocturnas que conoces bien, escabullirme por los cielos una que otra noche –Soltó los libros y dio un paso hacia ella, pero no pareció alterarla –mientras un incauto duerme en silencio, entre la media noche y las cuatro de la madrugada, que es cuando el sueño se profundiza y los espíritus se liberan, me uno a ellos, me asomo por la ventana o por la puerta –Acentuó con pausada pronunciación sus palabras y se acercó aún más –espero a que llegue a su punto de exaltación más alto, luego despierta agitado, sudando, inconsolable, no logra ver nada en la oscuridad, la pesadilla está en todos lados, al borde de la cama, bajo esta, en el rincón donde se forman sombras de figuras extrañas, en el armario, en el suelo y en el techo –Elías estaba ya a pocos centímetros de Aldana –Y luego, cuando se atreve a sacar el asustado rostro de la almohada o de entre las sábanas, ya estoy allí, encima. No puede moverse, no puede gritar, cree que está en medio de otra pesadilla, pero no es así  –La tomó del brazo con gran agilidad y fuerza, Aldana pegó un brinco –Y basta con solo un toque para succionar su alma –Sus ojos se ennegrecieron ante la aterrorizada mirada de ella, no había iris, ni pupila, en vez de globo ocular, había solo una oscuridad profunda. Elías sonrió y un dolor inmenso le azotó la espalda hasta dejarlo casi inconsciente.

2 comentarios:

  1. definitivamente has escrito mucho mucho pero bueno aqui estoy!
    los dibujos son tuyo ???
    te he empezado a seguir :)
    he empezado con algo nuevo en mi blog me gustaria tener tu opinión un besito

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    1. Algunos son míos, por ahí lo escribo en las leyendas. Gracias por pasarte por aquí y leer. ¡Por supuesto que te doy mi opinión! déjame el link y te leo enseguida. Besos :)

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