miércoles, 9 de marzo de 2016

Oniria (14)


Parte 14

Era una mañana fresca y colorida, pero aquellos detalles del paisaje que Fernanda normalmente habría disfrutado, en aquel momento le eran motivo de fastidio. El tiempo avanzó en el trabajo lento y precario, después de una noche más de insomnio, el día se hizo un verdadero calvario. Esas extrañas y deformes figuras coloradas de su pesadilla brillaron la noche anterior de forma espeluznante, más vívidas que nunca. Sus ojos eran negros y la golpeaban una vez más en la parte posterior de la cabeza, luego de quedar en el suelo inmóvil, la rodeaban y una de ellas finalmente se estiraba para tomarla del cuello, había sentido apenas unas pocas horas atrás, cómo el último aliento de vida escapaba de su cuerpo. Fernanda había salido esa mañana de su casa con ojeras marcadas, los párpados pesados y un desesperante dolor de cabeza que solo empeoró cuando su hermana Belén la despertó cotorreando absurdamente alegre con sus nuevas amigas. El día en el Winter Café fue más exhaustivo que nunca, pero al fin había acabado y caminaba ya rumbo a la tienda de la tía Aldana con la esperanza de algún tipo de auxilio.
La brisa le dolía en la piel, el sol incandescente le ardía en los ojos y cada paso era casi agónico. Y a pesar de todo, allí estaba finalmente de pie en la acera frente a la puerta de madera. Escuchó un ruido a lo lejos, observó alrededor, las personas caminaban con tranquilidad, algunos autos avanzaban. A unos metros, detrás de un carro negro estacionado, una figura yacía de pie en la acera de enfrente, Elías estaba recostado a un poste con los brazos cruzados observándola como si acabara de salir de sus peores pesadillas, Fernanda se apresuró a entrar a la tienda, cerró la puerta y uso el pasador, miró temblando a través del vidrio insegura de la protección que aquel lugar pudiera darle, Elías ya no estaba. Buscó con la mirada en vano, tal vez realmente debía resolver esto, los nervios y la paranoia seguro le iban a ahorrar en poco el trabajo de acabar con ella a aquel monstruo. 
-Es preciso que me des una explicación –Murmuró la tía Aldana desde el aparador con el ceño fruncido, haciendo que Fernanda brincara de la impresión.
-Tía Aldana, no te vi allí –Dijo Fernanda temblando mientras observaba con fastidio el revoloteo de la mascota de su tía desde la jaula.
-Has asustado a Federico, mi niña, por poco no te reconocemos escondida detrás de esas ojeras y ese pálido rostro -Aldana se apresuró a tomarla del brazo y ayudarla a sentarse más cerca del aparador -¿Qué ha sucedido? Parece que has visto un fantasma.
Aquello se le antojaba irónico, resopló tocándose las sienes con los dedos, el dolor palpitaba en su cabeza después de haberlo visto a él. Soltó suspiros hasta calmarse. No por su tranquilidad, sino por la de su preocupada tía.
-Necesito tu ayuda –Soltó.
-Lo que sea, pero dime, estoy alarmada.
-La pesadilla persiste, cada vez es peor, está acabando conmigo –Las lágrimas brotaban ya de los ojos de Fernanda.
-Haré mi mejor esfuerzo, buscaré en mis reservas más exclusivas, prepararemos algo para aliviar tu sueño, cariño –Dijo Aldana mientras ponía la manos sobre su hombro para tranquilizarla –Pero me temo que no es tan simple, nada respecto al mundo de los sueños es simple.
-Tú no lo entiendes, yo siento que muero –La voz de Fernanda titubeaba –Realmente siento que muero.
-Oh, mi niña –sollozó la mujer, ya caminaba entre los estantes rebuscando de un lado a otro,  diferentes frascos, la  tía se había puesto manos a la obra.
-Eso no es todo, existe algo más… -bisbiseó mientras Aldana insistía en que no escatimara en los detalles, sin entender lo difícil que le resultaba hablar de eso –Es él… Desde que él apareció siempre estoy asustada, no sé por qué me busca o qué es lo que quiere de mí, solo sé que él es un demonio. –Y Fernanda, alentada por el apoyo de su amada tía, finalmente pudo hablar de Elías y sus encuentros; desde la noche en la que apareció en su cuarto, hasta su asedio en el lago la noche anterior. Hablarlo sin duda le dio cierta fortaleza, al ver la expresión comprensiva de su interlocutora dejó de sentir que había perdido la cordura y comenzó a abrir su mente a las posibles soluciones o explicaciones para aquellos sucesos.
-Es una locura, lo sé ¿Crees que debería informar a las autoridades? –Se atrevió a preguntar mientras tomaba un sorbo de la infusión que su tía había preparado en el transcurso de sus narraciones.
-Creo que ambas sabemos que no puede ser tan sencillo, aunque no quiero decir que no vayamos a tomar medidas –Respondió Aldana con expresión elevada, evidenciando como su mente trabajaba, no era la expresión atónita de quien intenta procesar información complicada, más se trataba de alguien que ideaba un plan –Este joven, Elías ¿Nunca explicó qué fue eso tan grave que asegura, tú le causaste?
-He intentado pensar mucho en ello, es difícil hacer sentido a todo, más cuando él parece dar por sentado que yo sé qué es lo que él es, está loco tía, parece estar seguro de que yo lidio con demonios en mi cuarto todo el tiempo –las lágrimas de Fernanda volvieron.
-Si no es posible que Elías nos expliqué cómo es que tú lo has agraviado, tendremos que averiguarlo nosotras –Expresó Aldana con seriedad –El vómito, eso es sin duda lo que él dice que provocaste. Es lo más extraño de todo.
-Por favor, tía Aldana ¿Eso te resulta extraño después de todo lo que te he relatado? Nada es normal, todo me suena a una locura –Chilló Fernanda dejando salir la jovencita despavorida que no deseaba ser, tomó otro sorbo y volvió a su intento débil de guardar compostura.
-¿Y la negación te ha servido de algo hasta ahora? Hija, estás ansiosa por el futuro, deseas salir de tu limitada zona de confort, a devorar el mundo alegando ser joven pero madura, y a la primera situación inusual que te topas ¿Te escondes, diciendo que es una locura? –La mujer le sonrió –Es algo contradictorio.
-No es el tipo de situaciones que imaginé que enfrentaría –Se justificó Fernanda sintiéndose un poco mal al haber defraudado las altas expectativas de Aldana.
-Nunca es cómo lo imaginamos, el mundo siempre encuentra cómo sorprendernos, lo digo yo, que he estado en los rincones más recónditos y me he encontrado con tanto –Fernanda pensó en cómo su tía había viajado a toda clase de lugares alrededor del mundo, hasta entonces aquel estilo de vida no le parecía más que una excentricidad, miró a su alrededor; leyendas, mitología, espíritus, hechizos, parecía apenas empezar a asimilar lo poco que comprendía, todo aquello se le antojaba aún más irónico. Su tía le sonrió con complicidad, como si entendiera el sin fin de piezas que empezaban a encajar en la mente de Fernanda.
-Debes haber visto demasiadas cosas inusuales ¿Conociste demonios como él? –Se atrevió a preguntar, Aldana la levantó de la silla al ver que había acabado la bebida y la condujo escaleras arriba hasta la habitación.
-Pues, he visto muchas cosas, pero ninguna como esta –Respondió, la bebida era fuerte, Fernanda se sentía adormecida y la voz de su tía parecía lejana –Pero lo resolveremos –la recostó sobre la cama, acomodándole con sumo cuidado las almohadas y cubriéndola con una manta.
-Tía Aldana –Murmuró entrecerrando los ojos, ella asintió en respuesta –Él me llamó bruja –Dijo, y Aldana elevó la mirada desde la puerta de la habitación. El piso era de madera, al igual que el enorme armario y la cómoda junto a él, lucía cortinas de terciopelo café y una gran cantidad de fotografías de diversos paisajes en las paredes, recuerdos de los muchos viajes de la anciana a lo largo de una vida que nunca le había parecido tan interesante hasta entonces, la cama estaba llena de cojines estampados y una gruesa manta de lana; era un lugar cálido y tenía una ligero olor a canela.

-Ya veo –Respondió su tía mientras el sueño vencía a Fernanda una vez más.

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