miércoles, 28 de octubre de 2015

Es sólo que no te he conocido aún

Me ha hecho particularmente feliz el rumbo que tomó este relato corto, una vez más basado en una canción que es demasiado hermosa y con una letra perfecta, pero me salí un poco del contexto y lo amé. Esto de sacar escritos de canciones se me debería hacer un hábito ¿no?


"I might have to wait, 
I'll never give up, 
I guess it's half timing 
and the other half is luck."



Nunca había sufrido tanto, nunca mi calma había sido puesta a prueba de semejante manera, no hago más que caminar en círculos evocando con suspiros mi preocupación, mi dolor, mi culpa.
Ana está allá en una camilla, lejos de mí, yo estoy confinado en esta sala de espera, deseando no haber nacido. Ana, Ana, Ana, no sé cuántas veces nos había repetido que era algo pasajero, que yo no era alguien de relaciones, que esto no iba a funcionar.
Lo tenía todo tan claro, tan resuelto, pero mi vida solitaria y estable no podía durar, eso no me sorprende, todo no dura. Así como las fallidas relaciones que me destrozaron el alma, así de efímero, así es siempre. Todo menos este sufrimiento, esto que siento no tiene fin. Me han quebrado el corazón tantas veces que dejé de llevar la cuenta, pero esto, esto sí que duele, ella está allá y yo aquí afuera de la habitación, impotente; esto lastima sin duda mil veces más.

Me hablo a mí mismo, mentalmente, en voz alta, trato tanto no perder el control, el sentido.
Tantas excusas, un millón de ellas; tal vez yo no le hice esto, tal vez si me ella me hubiese hecho caso, necia Ana, no estaríamos en este embrollo. 
Oh dios, eso no sirve, es inútil, pienso en cada posibilidad, yo lo provoqué, yo la hice enojar con una discusión, un par gritos y maldiciones, como cada mañana. Pero esta vez ella cayó al suelo, sangraba y yo no sabía qué hacer. Cómo deseo no haberla hecho enojar, cómo deseo no haber herido sus sentimientos tantas veces, cómo deseo no haberla conocido, así estaría todo bien.

Algo ha quebrado en mí, las lágrimas se escapan, no puedo evitarlo, ahora sólo puedo pensar en ti, te amo tanto, no sé cómo explicar; no quiero que sufras, no quiero hacerte sufrir. Veo una enfermera a lo lejos, corro tras ella impaciente, le ruego que me diga cómo estás, le ruego que me diga que estás bien, que no ha pasado nada malo, pero ella se muestra renuente, dice que debo esperar a que el doctor hable conmigo.
Creo que tengo que esperar, pero no me rindo, interrogo a todo el personal, nadie me dice nada, la agonía la merezco, pero no tú, tú no mereces esto. Por desgracia, así es como funciona la vida, así como en los hospitales; la mitad es tiempo y la otra mitad es suerte.
Olvido por un momento que estoy rodeado de personas, me arrodillo. Me postro sobre el gélido y tosco suelo del hospital y oro, imploro, ruego. Yo nunca fui creyente, pero pido a Dios, a los ángeles, a la vida, a quién me escuche. Pero sobre todo, te pido a ti.

Me duele, me duele y lo merezco, tú, dónde sea que estés, cuando sea está bien, llegaste de la nada y entraste en mi vida. Esperaré por ti, pero por favor, se fuerte, resiste, no te rindas, dime que estás bien, que estás viva. Yo sé que podemos ser asombrosos, tu amor va a cambiarme, ahora veo todas las posibilidades.
Te amo, de algún modo sé que todo cambiará, lo siento. Sé que tú me harás trabajar duro, y lo haremos funcionar y sí, haré una promesa real por primera vez en mi vida, y es para ti; te prometo que daré más de lo que reciba, lo juro.

El médico aparece, no me dice nada, me guía al cuarto, allí está Ana, inmóvil en la camilla con los ojos cerrados, mi mundo se destroza. El galeno me ofrece disculpas, me tranquiliza, Ana está sedada, exhausta después de una larga lucha, una que yo no puedo imaginar. Ojalá algún día sea digno del perdón de Ana.
Escucho un llanto, una enfermera aparece, me dice que fue difícil, pero que antes de desfallecer ante el cansancio, Ana únicamente pronunció una palabra; Fabiana. La mujer sostiene algo pequeño envuelto en una toalla rosa, se mueve con debilidad pero llora con fuerza. 

Lloro, como un niño pequeño, como nunca en la vida había llorado. Sé que tu amor va a cambiarme, me harás trabajar, haremos que funcione y te prometo que daré mucho más de lo que reciba, es sólo que no te he conocido aún.
Doy pasos vacilantes, una vez más, te repito que te amo, sé que seremos asombrosos, sé lo que te prometí, es sólo que no te he conocido aún, Fabiana.

Te sostengo, no sé cómo explicar lo que siento, dicen que todo es válido en la guerra y en el amor, sé que prometí luchar, pero de algún modo siento que no necesitaré pelear, que todo estará bien siempre que estemos unidos. Ana y yo no planeamos una vida juntos, lo nuestro debía ser algo pasajero, cuando me enteré de tu existencia, no reaccioné de la mejor manera, la vida me dio un vuelco grávido. Decidí quedarme a su lado para cuidarla, pero no hacíamos más que pelear. Perdón por eso, mil veces perdón.
Los brazos me tiemblan, mi cuerpo flaquea, no creo haber visto algo tan hermoso como tu diminuto rostro. Yo te oraba a ti, te rogaba que estuvieras bien y tú me escuchaste, ahora estás conmigo.

 Lloro y sonrío al tiempo, mi entera existencia era un caos, una vorágine desatada y sin rumbo hasta este día, hasta este preciso momento. Porque ahora lo sé, ahora tiene sentido para mí, todo estaba mal sólo porque no te había conocido aún, Fabiana.


2 comentarios:

  1. Qué ternura ♥ Me dio un poco de temor el comienzo, parecía que iba a terminar mal, sin embargo el final fue muy dulce.
    Escribes muy lindo.
    ¡Besos!

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    Respuestas
    1. Muchísimas gracias Cyn, me alegro mucho que te gustara el final aunque al principio parecía trágico xD.
      ¡Saludos!

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