domingo, 10 de mayo de 2015

Oniria (7)

Sé que  me he ausentado y que no anuncié nada, pero ya ando de regreso y ¿Quién necesita un anuncio? Vuelvo con mis publicaciones habituales de cada domingo. No, aún no me enfrío con Oniria, esta parte fue cortitita siempre, la siguiente parte es un poco extensa. Es solo que tengo mil cosas qué hacer y la vida no me alcanza :'(
Parte 7

-Es allí- señaló René, una casa blanca de dos pisos se escondía tras las altas rejas negras de metal al final de la calle –Aquí vive Corina, debe estar esperando- Elías detuvo el auto, su primo bajó y entró por las rejas sin problemas, lo observó atravesar el pequeño jardín exageradamente poblado de plantas y llegar hasta el timbre de la puerta. Divisó su alrededor, el lugar estaba casi a las afueras del pueblo, era callado, obscuro, sencillo y perfecto. Adoraba todo del bello San José de los Cedros del tío René, activo y cercano a la capital, pero pacífico y tranquilo a la vez. El viejo había insistido en que se quedara en la finca en la que vivía con su esposa y sus dos hijos, pero él prefirió quedarse en un hotel en el centro, no quería molestar demasiado, al final resultó enamorado de los bastos prados de sus familiares y de su calidez campesina. Sus primos Manuel y René, que llevaba el nombre de su padre, eran ambos jóvenes menores que él, pero le superaban en contextura, la última vez que los vio eran solo unos chiquillos que siempre llegaban a casa cubiertos de barro. Se sorprendió al ver lo bien que se llevaba con René, el hijo menor de su tío. Era un joven era entusiasta y carismático que le hizo sentir bienvenido desde el primer momento, sin duda congeniaron y sintió especial simpatía con él.  Estas pudieron haber sido las mejores vacaciones de su vida, si tan solo no se hubiese topado con ella.
-Ya nos vamos- René interrumpió sus pensamientos, venía saliendo por las rejas de la mano de una bella chica, Corina, por supuesto. La recordaba, sus risos de color rubio oscuro en los hombros brillaban al igual que sus labios rosados, lucía un sencillo vestido de flores verdes en corte campana que resaltaba su delicada figura, aparentaba ser más diminuta al lado de su robusto amigo. Ambos entraron en el auto, ella subió en la parte trasera y saludó con timidez, su perfume dulce inundó el vehículo. Era curioso, cuando René los introdujo en una presentación casual, él no se había fijado en ella, por supuesto que no, su vista había quedado clavada entonces en ella, ¿Cuál era su nombre? Ella, Fernanda, cómo si realmente no la recordara.
-Hola- Pronunció observándola por el retrovisor.
-Pensé que Fernanda ya estaría con ustedes- dijo ella, Elías alzó una ceja, apretó el timón del auto inconscientemente y arrancó.
-Llamé a su casa, Belén me dijo que tuvo que ir a ayudar a su madre en el Danubio, aseguró que de allá llegaría a La Cueva- Dijo René consultando su reloj.
-¿La Cueva?- preguntaron Elías y Corina a unísono.

-La Cueva- repitió su primo con una sonrisa –Les dije que tenía un lugar, es nuevo, mi hermano Manuel me lo ha recomendado, está en el centro. Les va a encantar- La brisa entró por la ventana del auto camino al centro del pueblo, Elías sonrió, tal vez esas vacaciones sí resultarían memorables después de todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No te vayas sin comentar :)