miércoles, 1 de abril de 2015

Recordar.


Hoy ha sido un buen día en esta semana, tranquilo, y lleno de energía a la vez. Uno de esos días de nostalgia, en los que vas caminando por la calle y no sabes cómo explicar, pero el viento, el ambiente, los sonidos, todo tiene un aire de antaño, que invita a recordar. Cada árbol, cada edificio, todo quería contarme su historia y por más que deseara absorberlas todas, apenas y podía respirar bajo la avalancha de recuerdos en mi cabeza, mi propia historia quería hablar. Y cada imagen del paisaje me decía "hey, ¿recuerdas aquella vez que...?". Eso es abrumador y a veces escalofriante, porque me sucede con cierta frecuencia, vivo asediada por los días que ya pasaron, por los recuerdos, los buenos y los malos, ambos con igual intensidad y ambos con ese sabor a "¿Y qué tal si yo hubiera...?" que no es nada recomendable.

Tengo una buena memoria, ¿Qué puedo hacer? creo que si alguien aquí la tiene también, estará de acuerdo conmigo en que es una bendición y una maldición al tiempo. Perdonar es para mí un enorme asunto.
Eso, recordar lo bueno con la misma emoción con la que lo viví la primera vez, recordar lo malo y volver a sentir el mismo dolor. Nada que no haya dicho antes aquí.
Sé que mi mente capaz de absorber mil cosas y no dejarlas ir es mi arma en la vida, pero con el tiempo he ido aprendiendo que eso no me ha hecho exenta de caer una que otra vez en el mismo error varias veces. En pocas ocasiones, pero ha sucedido al fin.
En la vida todos tenemos esa piedra que se nos sigue atravesando una y otra vez y nos hace sentir tontos por caer mil veces en lo mismo. Todos tenemos una persona que, por más que nos repitamos "no más, no otra vez" volvemos. Y eso solo pasa cuando ese alguien es parte de ti, muy profundo, por más que sea difícil de admitir. Yo, bueno, le tuve, le creía, me volvía a decepcionar, le odiaba, me cansaba, luego me conmovía y volvía a empezar una vez más. En este día recordé cuándo era tan importante, que me acostaba en las noches pensando todo lo que le diría, todo lo que merecía escuchar, cómo no me permitiría olvidar todo lo que sufrí por todas esas falsas promesas. Todo con certera convicción de que "no se merecía mi perdón"

¿Saben qué pasaba cuando caminaba en bellos días de aire nostálgico como hoy? Se veían arruinados por el dolor y la rabia de su recuerdo, y le odiaba de nuevo por hacerme eso. Pero esa persona ya no me estaba hiriendo, ni me arruinaba los días, era yo misma quién lo hacía, me hacía daño a mí misma recordando.
Lo que sucede cuando cometemos el mismo error con una persona varias veces, es que nos desmoralizamos y nos cuestionamos sobre nuestra propia inteligencia, nuestra propia capacidad. Pero el verdadero valor humano está en perdonar, pero no volver a cometer el mismo error, levantarse con la cabeza en alto, sin resentimientos pero con la convicción de no volver a caer, eso es inteligencia, sabiduría.

Ya no me hago más daño a mí misma, ya entiendo el valor de perdonar, uno no perdona porque otros se lo merezcan, uno perdona porque es nuestro espíritu el que merece ser libre, respirar los recuerdos con agrado sin llevar el peso de un daño que sufrimos que ni siquiera fue nuestra culpa. Yo perdono, porque yo merezco un corazón sin el dolor de un mal recuerdo.
Por eso este día me sentí tan tranquila, porque soy un poco más libre, todo es paso a paso.

"Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal." Salmo 37:8
"Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores […] Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas.
Mateo 6: 9-14

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No te vayas sin comentar :)