lunes, 30 de marzo de 2015

Sentir.


No sé bien por qué hago esto, ni cómo empezar ni cómo terminará, lo único que hay claro en mi mente es que lo he estado necesitando desde hace mucho. Haré esta semana de reflexiones sin ningún son ni ton pero que involucran sin duda mi fuerza interna más valiosa, al punto en que es de las pocas que me queda; mi fe. Después de todo, esta es la Semana santa o Semana mayor y yo me la voy a gastar así.

Todo empezó hace algunos meses, conversaba con mis amigas en el salón de clases y por alguna razón la conversación llegó a esos temas de relaciones que hasta hace algún tiempo me sacaban una expresión de hastío inmediata y terminaba por dejar a las personas hablando solas. Esta vez evidentemente no fue así, una de ellas, la mayor de todas, comentó cómo su esposo le había propuesto matrimonio hacía no mucho. El relato fue corto y conciso, ninguna propuesta saca de una película romántica, solo algo íntimo, tierno y gracioso a momentos. Tal vez fue la emoción puesta en las palabras de la narradora, tal vez fueron las circunstancias, no sé, solo sé que la observaba con mi entera atención clavada en el rostro cuando pasó; mis ojos comenzaron a arder, sentía una presión en el pecho y la cabeza me daba vueltas. Dejé de escucharla y me levanté en el acto, salí del salón y tomé un poco de aire, las lágrimas se deslizaron con disimulo pero con apuro, apenas y pude sostenerlas a tiempo, aquello me había conmovido al punto de hacerme llorar.

Esto era nuevo para mí, le di vueltas en mi mente el resto del día, mi vida no estaba -y no está- en el mejor de los momentos, muchas cosas habían salido mal al borde, incluso, de lo trágico y culminé la racional explicación para mis síntomas culpando a aquellos asuntos hormonales que parecen atacarme cada vez peor cada mes. Sí, todo eso junto debía ser. El problema vino cuando los problemas en mi vida se volvieron continuos y las lágrimas empezaron a salir cualquier día del mes sin importar dónde ni delante de quién.

Ya no había excusa válida, ya se me había vuelto un hábito y sólo esperaba llegar a casa para encerrarme en el cuarto y dejarlas emerger. ¿Qué el llanto limpia el alma? ¿Qué apacigua el corazón cuando arde? Sí, eso todos lo sabemos, no busco alabarlo. El asunto es que después de aprender a vivir con esta bola de nieve que rodó hasta convertirse en una avalancha que ya no podía parar, resultó que cosas peores vinieron, dolores más grandes se me hincaron dentro y ya no lloraba más ¿Se habían acabado? ¿Me había quedado seca de tanto llorar? Lloré en un par de meses lo que no había llorado en años. Años de una vida de orgullo y regodeo de tener el corazón más fuerte e impenetrable que existiera, años de ver a persona tras persona llegar a mi vida con la intención de quebrar mi muro -ya se intentando que sufriera o que amara- y fallar miserablemente. Años de ser feliz estando seca, ahora sí me había quedado sin emociones de verdad.

Uno se acostumbra a ellas ¿Saben? A llorar, gritar, gemir, sentir, incluso después de pasar una vida teniendo un pedazo de piedra por corazón -o pretendiendo tenerlo-.
Ahora, al ver que estaba aburrida de tanto llorar por mis dramas personales desarrollé un vergonzoso gusto por las películas cursis y las novelas románicas que debía saciar cada cierto tiempo y así poder tener mi dosis de llanto y aflicción.

No conforme con ello, cuando las gotas no consiguen salir de mis ojos, busco la canción más punzante de mi lista de reproducción y las hago aparecer, ¿Lo han hecho alguna vez? Apuesto que sí, es como punzarse el alma para sentir que duele, para sentir que está viva. Y tengo la convicción de que cuenta como un romántico acto suicida.
Quedé rota ¿Saben? Después de tanto meditarlo, lo único que pude concluir fue eso, que tengo el interior destruido y que reconstruir un corazón quebrado requiere más fuerza que mantenerlo sano por años. Yo pensé que era fuerte, pero no lo era tanto al parecer. Ahora soy una chica más, de esas que lloran y ríen, a veces ambas al tiempo. Pero siendo nueva en esto de la sensibilidad, solo hubo algo que no cambió, mi fe, mi amor por alguien eterno que sé que está conmigo más allá de toda circunstancia. Él me recordaba lo que era vivir y me mantenía a flote cuando estaba sumida bajo la piedra que cargaba encima "para protegerme". Y Él es quién me mantiene viva ahora que se me vino encima todo y no tengo protección alguna. ¡Pero qué tonta! Si siempre estuvo allí, y fue Él quién me protegió de lo que de verdad es malo, no de mis tonterías sentimentales.

Pero ¿Cómo lo hacen ustedes? Ustedes, personas que se enamoran, los hieren y aun así siguen enamoradas; personas cuyos seres amados mueren y siguen adelante; personas que son traicionadas por sus amigos y aun así ofrecen a brazos abiertos amistad en vez de estar solos; personas que leen Jane Austen y ven "En busca de la felicidad" o "Titanic" aun sabiendo que los hará llorar; personas que sienten y han sobrevivido a más de un corazón roto en la vida... ¿Cómo lo hacen? Y por otro lado, más importante aun; personas que no tienen ninguna fe, sean fuertes -como yo me sentía antes- o sean débiles -como me siento ahora- ¿Cómo pueden hacerlo sin fe?
Esto es nuevo para mí, entretanto, todo lo que me queda por hacer es reflexionar, creo que por eso es que hago esto, es que ahora soy "sensible".

"El Señor está cerca para salvar a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza" Salmos 34:19
"Pues tú no quieres ofrendas ni holocaustos, yo te los daría, pero no es lo que te agrada. Las ofrendas a Dios son un espíritu dolido; ¡Tú no desprecias, oh Dios, un corazón hecho pedazos" Salmos 51:18-19

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