domingo, 15 de marzo de 2015

Oniria (6)

Hasta aquí llega mi historia por un tiempo, es solo una pausa, después retomaré los capítulos cada domingo, tengo que hacer arreglillos primero. Ya estaré avisando. Y no, no he perdido el ánimo ni la inspiración ni he quedado estancada, sé que eso suele suceder cuando publicas enseguida que escribes, lo sé por experiencia, pero ahora son solo eso, arreglos :)









Fernanda se encontraba recostada, todo lo que podía ver eran las llamas esparciéndose a través de la entrada impedida por los barrotes ardientes, su madre, la que siempre tenía todo bajo control, se observaba pálida y desesperada como una jovencilla en apuros, no había esperanza alguna. Aquel panorama le pareció tan familiar, entrecerró los ojos, no podía respirar bien, como en aquella pesadilla en la que unos monstruos la estrangulaban en un desierto lleno de neblina, la pesadilla que tuvo la noche que vio aquel monstruo en su techo. Ese horrible monstruo de ojos negros que la atormentaba. Alzó la mirada, dos puntos de luz se dibujaban en la pared, el sueño, pero no esa pesadilla, la de la noche inmediatamente anterior, donde se hallaba presa y dos luces venían a salvarla.
Se enderezó, dio un paso adelante con la vista clavada en el enorme estante, las botellas que licor con las que debía tener cuidado, detrás de ellas, dos pequeños agujeros en la madera filtraban los pequeños hilos de luz que se dibujaban en la pared contigua.
–Hija, ten cuidado– Advirtió su madre –Hay que salir, no importa si debemos atravesar el fuego, estas cajas, en su mayoría contienen alcohol, esto puede explotar en cualquier momento–
–El estante– Fernanda murmuró ensimismada aún.
–No hay tiempo ¡Haz algo, Iván!– Ariadna, su desesperada madre, gritó.
–No, Iván, el estante, tienes que moverlo– Dijo Fernanda con el rostro resuelto, no hallaba forma de explicarse.
– ¿De qué habla?– El joven preguntó aturdido.
–Detrás, hay luz, hay una salida– Iván no necesitó más explicaciones, se dispuso a bajar dos cajas y a mover el enorme y pesado objeto tan pronto como pudo. Ariadna y la cantante se miraron entre sí. El estante cedía de a poco, la luz se filtró por detrás, al ver la pequeña ventana a lo alto de la pared, Fernanda y su madre ayudaron al joven a terminar de moverla.
Levantar el viejo y pesado vidrio no fue sencillo, pero solo tomó unos minutos, el cuadro era suficientemente ancho para salir uno por uno, las luces de un callejón detrás del bar eran las responsables del brillo que Fernanda vio. Utilizaron la butaca donde estaba sentada Génova para impulsarse y salir; primero Ariadna, luego Fernanda, la bastante robusta cantante tomó un esfuerzo especial por parte de Iván y las dos mujeres afuera pidieron ayuda. La gente estaba alrededor enardecida, al final lograron salir sin lastimarse. Iván, en cambio, sufrió algunas quemaduras menores en la pierna derecha, nada que le impidiera correr por un extintor en un negocio aledaño y ayudar junto con los otros trabajadores a controlar la situación mientras los bomberos llegaban.
Fernanda se encontraba sentada en una silla a las afueras del bar Danubio, el humo empezaba a despejarse, se cubrió con la manta que alguien le había dado al auxiliarlos en el callejón, la noche era helada y tosca.
Observó a su madre hablar con uno de los bomberos, el sentimiento de alivio que le producía verla sana y salva se había llevado la ola de ideas que tenía en la cabeza. El ruido del murmullo de la multitud a su alrededor y el de las sirenas de las unidades de emergencia que habían llegado a controlar el lío, no parecían afectarle, los contemplaba con la mirada perdida, como si realmente no existieran, su madre estaba bien, todo lo que podía sentir era un profundo sosiego.
–¿Todo bien?– Le preguntó Ariadna que ya había dejado de entrevistarse con el bombero.
–Sí, todo bien– Le habían preguntado aquello ya cinco veces en los últimos minutos pero esta vez realmente lo sentía así.
–Es una suerte que Iván consiguiera el extintor en la tienda de al lado, los bomberos revisaron todo, dijimos que era nuestro, de haber visto que el establecimiento no tenía equipamiento de emergencias, nos habrían clausurado–
–Sí, es una suerte–  Fernanda agachó el rostro, la frialdad de su madre nunca dejaba de sorprender.
–Todo es mi culpa, por ahorrar algo de efectivo…– Su voz tembló –Puse en peligro a las personas, al negocio, puse en peligro todo–
–Nadie salió herido, mamá. Eso es algo que agradecer, el negoció se recuperará– la frase escapó de manera mecánica, Fernanda hablaba sin mirar a su madre a los ojos, seguía viendo de largo.
–No lo entiendes, yo…– Ariadna se aclaró la garganta –Yo te puse en peligro a ti, nunca me lo perdonaré– aquellas palabras la sacaron de su ensimismamiento.
–No pasó nada, todo está bien– Los ojos le ardían –Yo también me alegro que estés bien, deja de culparte–
–No voy a decir que  no agradezco que estuvieras ahí, tú nos has salvado, hija. Mantuviste la calma mientras yo caía en pánico– Fernanda no respondió y estuvieron ambas en silencio por un rato –Es curioso, conozco este lugar como a la palma de mi mano, he dejado cuerpo y alma en él, pero cuando lo adquirimos hace años, ese enorme estante estaba ya en la bodega– Ariadna parecía hablar consigo misma –Pasé por este callejón mil veces y vi allí el vidrio sellado, pero jamás recordé esa ventana en la bodega… ¿Cómo supiste?–
–¿Qué?– Fernanda había escuchado claramente, solo no hallaba cómo responder aquello.
–¿Cómo supiste que la ventana estaba allí y que era el único modo de salvarnos?–
–Yo…– Lo pensó un poco, hubiere sido simple solo responder que la luz se filtró por los hoyos del estante y eso le había dado la idea de moverlo en busca de una salida, pero no quiso, sentía la necesidad de ser honesta, en su vida sucedían muchas cosas que ya no sabía cómo cargar –Yo lo sabía, lo vi en un sueño la noche anterior– los ojos de su madre se abrieron –Al principio no sabía, solo fue un sueño extraño, pero cuando nos vi envueltos en todo esto, yo solo lo supe, supe que todo iba a estar bien porque recordaba el sueño. Sé que pensarás que estoy loca, pero me suceden cosas, cosas horribles y no puedo dormir porque últimamente eso solo se traduce en pesadillas. Solo me alegro de haber tenido esta, me alivia que estés bien– las lágrimas escapaban de sus ojos con la ligereza con la que salieron las palabras de sus labios.
–Entiendo– suspiró  –A mí también me alivia que hayas soñado aquello, me alivia que estés bien– Fernanda observó la expresión de su madre, no había en ella un mínimo
rastro de asombro o desconcierto, tal vez Ariadna también estaba tan llena de calma como ella –No creo que haya nada malo contigo, hija –tomó su mano y la apretó –Sé que cosas difíciles suceden ¿Crees que no lo entiendo? Soy tu madre, te conozco mejor que nadie, solo deseo que estés bien –Fernanda recostó la cabeza sobre el hombro de su madre, tal vez ninguna de las dos entendía muy bien qué era lo que sucedía y qué pasaría de allí en adelante, pero se tenían entre sí para afrontarlo –Eres especial, lo sé desde que estabas dentro de mí, pero tienes que pensar en ti, en el trabajo, la universidad, el futuro, tú futuro. Solo eso debe preocuparnos ahora –Parecía que ambas estaban pensando igual, Fernanda entendió lo que su madre quería decir – Mierda, Aldana…–Murmuró con disgusto casi indetectable.
– ¿Tía Aldana?– su voz se apagaba, estaba tan cansada.
–Sí, quise decir–  se aclaró la garganta –Ve con ella, Aldana debe tener algo que te ayude con el insomnio, tal vez un té. Promete que dormirás, tienes derecho a descansar, nada puede quitarte eso– ella hubiese deseado quedarse allí,  seguir escuchando a su madre hablarle como nunca antes lo había hecho, pero sus ojos se cerraron y la quietud le venció.

1 comentario:

  1. Hola!! Soy Esther Galán del blog El Lado Oscuro. Yo también formo parte de la iniciativa "Seamos Seguidores". Te sigo y te dejo el link de mi blog.

    esthervampire.blogspot.com.es/

    Un abrazo y nos leemos!!

    ResponderEliminar

No te vayas sin comentar :)