domingo, 8 de febrero de 2015

Oniria (2)

Tal vez más adelante empiece a nombrar las partes o capítulos, o los organice de manera distinta, por ahora solo subo las primeras escenas que tenía listas desde hace un tiempo, con salvamento de ir haciendo correcciones en el camino, para eso es este blog. No sé si ya había dicho que esta historia está casi en su totalidad construida.
En lo que a esta segunda parte concierne, una entrada a la vida de mi personaje principal; Fernanda, su forma de pensar y carácter en general, junto con los personajes que rodearán esta historia. Considerando seriamente hacerme un espacio en Wattpad para Oniria, pero aún estoy pensando en ello. 
Si no sucede nada fuera de lo regular, subiré partes de esta historia cada domingo :)

Parte 2

Fernanda se detuvo frente al gran letrero del “Winter Café”, a través de la puerta de vidrio pudo ver a
René en su puesto, el lugar era pequeño, acogedor, cercano a su casa y concurrido solo en algunas ocasiones, se sentía bien trabajando allí.
–Buen día– Saludó, la campana de la puerta tintineó a su entrada, miró su reloj, apenas eran las seis y cincuenta, le quedaban diez minutos para abrir, tener a su amigo tan temprano no era una sorpresa.
–Buen día, ya apilé las sillas– René respondió con una cálida sonrisa, era alto, robusto y bien parecido, casi tanto como servicial –Oye, no luces nada bien ¿Enfermaste?–
–No, ni en broma, es solo que no he pasado mi mejor noche– Fernanda se puso el delantal y se dispuso a limpiar las mesas con un trapo para distraer la atención de su ojeroso rostro, lo había visto esta mañana en el baño sin darle mayor trascendencia, al parecer era más evidente de lo que pensaba.
–¿No has podido nadar estas vacaciones?– Preguntó René tras un prolongado silencio
–No, la piscina comunal está cerrada– Nadar era su pasión y tal vez la falta de ejercicio era lo que la tenía tan tensionada, cualquiera que no la conociera, al verla en ese instante, no habría adivinado jamás que era una deportista desde los seis años.
–¿Y el lago?– René sonrió, mientras volteaba el letrero de la puerta con el lado de “Abierto” hacia afuera.
–Me veo muy tentada– Ella reflexionó, hacía mucho que no se pegaba un buen chapuzón en el lago San José, cuando era niña lo hacía todo el tiempo, tal vez esa broma resultara una buena idea.
La vida se había tornado rotundamente distinta desde entonces, ya tenía diecinueve años y debía trabajar duro si quería pagar la universidad y ayudar a su familia, pero la natación era lo que le permitiría acceder a eso, o al menos eso intentaba entrenando fuerte y enviando solicitudes a las universidades. Nadar era siempre su túnel de escape en caso de que el mundo pareciere derrumbarse, salvo ese hecho, todo lo demás era distinto en su vida.
La campanilla de la puerta volvió a sonar, Fernanda observó a su amiga entrar danzando como adolescente eufórica.
–¡Este debe ser el mejor día!– Exclamó ella entre suspiros, Fernanda alzó una ceja –sin duda alguna– pensó en el más descarado tono de ironía.
–¡Adivinen! Las dos mejores noticias e la historia– Ella no era la más expresiva de los tres, aquello sí que era un suceso.
–¿Qué pasa, Corina? Uno, estás muy feliz y dos… ¿Has perdido la cabeza?– Bromeó René desde la cocina.
–La tía Mónica, la hermana de papá, viene en tres días con su pequeño hijo ¿Recuerdan? En alguna oportunidad les mostré sus fotos– Estuvo en silencio en espera de una respuesta, pero la emoción le venció –En todo caso, viene a vivir con nosotros, ayudará a mamá a cuidar de papá y yo podré ir a la ciudad finalmente, lo cual… –Sus palabras se hicieron lentas, aumentando el suspenso –Nos lleva a la segunda noticia –sacó un sobre de su bolso– ¿Qué creen? –Sus ojos brillaron.
–¡Respuesta de la universidad!– Fernanda gritó contagiada de la emoción.
–¡Aceptada!– Corina gritó, no pudo terminar, sus amigos ya la habían rodeado en un abrazo enardecido –Tengo una beca universitaria, mamá dice que puede correr con los gastos ahora que la tía le ayudará a cuidar de papá –Sus ojos color avellana centelleaban agraciados, era usualmente pálida y delgada, y en ese momento se le veía de mejor color que nunca, su amiga no solo era guapa, poseía sin duda una mente privilegiada que, con su disciplina y dedicación, comenzaba ahora a darle grandes frutos.
–No sabes lo feliz que estoy, estoy tan orgullosa– los problemas de Fernanda se perdieron por un momentos, los años de amistad incondicional le hacían sentir aquel triunfo como propio.
–¡Adiós al club de “Los que quedaron atrás”–Exclamó Corina, la sombra volvió al rostro de Fernanda al escuchar aquello, después de la graduación, todos sus amigos se habían ido a la ciudad a estudiar o trabajar, siempre volvían en vacaciones con las grandes historias del mundo allá afuera, los únicos que habían quedado atascados en el pequeño pueblo de San José de los Cedros, habían sido ellos tres, por diferentes razones cada uno, pero siempre estaban juntos celebrando en lo que llamaban el club de “los que quedaron atrás”, al menos siempre se tuvieron los unos a los otros para poder lidiar con ello –Oh, lo siento tanto– dijo Corina al ver a Fernanda, había sido muy obvio –¿Y tú?– Preguntó.
–Aún no llega nada– respondió Fernanda con frialdad al verse al borde de un intento fallido más, uno que a diferencia de los otros, la iba a dejar sin su mejor amiga. La sombra de los problemas había conseguido volver –Pero tienes derecho a estar emocionada, sí que lo tienes, esto es grande– Sonrió en extremo forzada.
–¡Es cierto!– Exclamó René –Esto se debe celebrar– Besó la frente de Corina con cariño, su rostro reflejaba un lejano destello de nostalgia, su cabeza debía estar igual de encrucijada que la de ella, bueno, no igual, a menos que él  también hubiere enfrentado un demonio la noche anterior. La piel de Fernanda se heló.
–Yo no puedo estar más de acuerdo– Apoyó para distraerse.
–Oh, sí. Y yo conozco el lugar perfecto, mañana en la noche celebraremos. El club tiene derecho– Dijo René, Corina chilló resplandeciente de alegría –Le diré a mi primo Elías que nos recoja mañana a las ocho en su auto, esto le encantará, recuerden que apenas llegó a San José y no conoce a nadie –La sombra se acrecentó tanto en la cabeza de Fernanda, que sentía que la aplastaba, los pies le temblaron al escuchar a su amigo pronunciar aquel nombre, el encuentro de anoche, debía encontrar alguna explicación. Parpadeó. La campanilla volvió a sonar, un joven moreno, alto y corpulento, de camisola café y vaqueros negros los observaba con el ceño fruncido.
–Creí que los había contratado para trabajar, no para parlotear como comadres– La voz fue autoritaria sin tener de levantarse.
–Lo siento, Moisés– René volvió a la cocina de inmediato, él era el dueño del Winter café, un comerciante de unos treinta y cinco años, adinerado y codicioso, más lo segundo que lo primero, bastante desagradable, pero era quien les había dado aquel cómodo trabajo al fin y al cabo.
–Tú, preciosa, cuéntame qué es lo que te tiene tan alegre– se dirigió a Fernanda tan campechano como siempre.
Fernanda se alejó con gran fastidio, en otra ocasión habría mostrado una enormemente fingida sonrisa ante sus descarados comentarios, pero hoy no estaba de gana.
–¿Dónde está tu uniforme?– Preguntó Moisés, Fernanda no llevaba el suéter con el logo del Winter café, aquella mañana no había tenido forma de buscarlo, solo tomo lo primero que encontró, recordó la imagen del líquido negro en el piso de su cuarto y respiró hondo.
–He tenido un accidente con él, algo de jugo de uva, por hoy mamá lo está solucionando– Contestó haciendo un esfuerzo por no sonar insolente.
–Entiendo– La miró hambriento –Eres una muñeca, pero no por eso harás en mi cafetería, lo que te venga en gana– El hombre se acercó demasiado al rostro de Fernanda, era intimidante y repulsivo.
–¡Moisés!– Exclamó Corina, la única que no trabajaba para Moisés, la única que podía salvarla siempre, él hombre volteo fastidiado y Fernanda sintió un gran alivio –Ya escuché lo de Gloria, todo el pueblo dice que te la has llevado a vivir a tu apartamento, eso me alegró mucho, es una muchacha muy guapa, ya era hora de sentar cabeza– Corina lo miró de pies a cabeza, en sus ojos se notaba que lo aborrecía tanto como Fernanda y como probablemente, todo el mundo –Ya estás pasadito de años, te iba a dejar el tren, cariño– Fernanda no pudo evitar reír, su amiga sí que era ingeniosa.
–Graciosa– Moisés se alejó disgustado –¡A trabajar!– Lanzó al techo y caminó a la cocina con maldiciones entre dientes.
–Eso es sorprendentemente cierto– Cotilleó su amiga al ver que Moisés ya estaba lejos –Pobre mujer, no sabe lo que ha fichado– Ambas sonrieron y sí que tenía razón –Fer, debes tener cuidado con él, más que desagradable, es peligroso, no es un buen tipo y siempre te mira así, no está acostumbrado a que lo rechacen– Murmuró, lucía preocupada.

–Lo tendré, no te preocupes– Fernanda le dio un poco de aliento a su amiga y la dejó ir, tenía cosas de las que preocuparse, cosas peores que un jefe patán.

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