sábado, 2 de agosto de 2014

Fiesta Con La Muerte

Parte 7: Como Al Principio

El joven compañero de Goldman interfirió el relato irrumpiendo en la sala y le entregó un sobre –Apenas logré comunicarme con la madre de la señorita Parker- hace un gesto con la cabeza pero Mayra no responde al intento de saludo -Trabaja en un bar y tuvo turno toda la noche, dice que estará en la estación en una hora-
-¿No tienes más familiares?- Pregunta Goldman dirigiéndose a Mayra, ella negó con la cabeza. “Con razón” analizó él, demasiado duro para decirlo en voz alta, pero los jovencitos necesitan figuras de autoridad que estén cerca, sino terminan lanzando compañeros de la escuela por los balcones.
-Escuche señorita Mayra Parker, el panorama es simple, sabemos que usted fue la última persona en ver con vida a Ethan Black, sabemos que tenían un turbio romance y que usted estaba allí en esa misma habitación desde la cual fue lanzado y asesinado-
-Usted no tiene derecho a decir eso, yo lo quería- limpió su rostro con desespero –además es imposible que una chica como yo haya podido atacar a Ethan, nadie podría-
-Estaba borracho, tal vez drogado, un objetivo fácil. Estaba enojada porque él había preferido correr tras su novia antes de acostarse con usted, eso es entendible- Drástico y sin rodeos, ya no tenía nada que perder, tenía a la chica acorralada.
-Eso no es cierto, nada de lo que dice. Ethan no estaba borracho ni drogado y él me prefirió a mí- la chica levantó la voz por primera vez y Goldman frunció el ceño, abrió el sobre y siguió las letras del papel con rapidez. La incertidumbre le cubrió el rostro.
-Esto… no es posible- siseó.
-¿Qué sucede?- Preguntó su compañero -Recuerda que es el informe general del hospital, el informe de medicina legal será mucho más exacto, tendrías solo que esperar un poco más. Este llegó mucho antes de lo habitual, tuve que insistir en que se trataba de menores de edad y…-
-No, Carl, esto no es posible. Ethan Black estaba limpio. Sin alcohol, sin drogas, intacto… Solo un moretón en el rostro-
-¿Alguien lo golpeó con algún objeto por detrás y luego lo lanzó por el balcón?- Dijo Carl deslizando el ojo con sutileza hacia Mayra.
-No por detrás, en el rostro, alguien lo golpeó, un puñetazo. Y luego lo empujó por el balcón, dudo que una chica pudiera hacerlo con Ethan sobrio y alerta, sería imposible derribarlo. No concuerda- los ojos del detective, pálidos y exageradamente abiertos  delataban su estado, su caso se había desmoronado.
-¡Se lo dije!  Usted no me dejó terminar- Mayra intervino.
-Así que un chico- Agregó Carl, parecía hablar consigo mismo.
-Escucha niña, tengo suficiente aquí para dejarte encerrada al menos hasta que salga algo más concreto, fuiste la última en estar con él, necesito que me cuentes todo, cada detalle sin omitir nada ¿Estamos?- Mayra asintió con timidez, Goldman había levantado la voz, eso no era algo que hacía.

Ethan apareció disgustado después de un rato, quince minutos que a Mayra le parecieron una eternidad.
-Ethan, cariño- susurró preocupada, pero no pudo terminar, el sonido del cinturón desabrochándose con brusquedad le interrumpió. ¿Estaba enojado, ansioso, o alterado? Tal vez todas juntas, no lograba descifrarlo pero su rostro era duro al igual que sus movimientos, algo había cambiado -¿Qué te dijo?- Indagó
-Me ha abofeteado- El rostro del joven no añadía emoción alguna a la respuesta. Estaba tan confundida que decidió acercarse y acariciarlo, él la detuvo ladeando la cabeza en signo de negación, ella no entendió hasta que Ethan la levantó en sus brazos y la soltó boca abajo sobre el borde la cama. Desabrochó el sostén y apartó los risos dorados de la espalda, la sujetó por el hombro y comenzó a lamer el cuello cual bestia famélica. La volteó boca arriba y reveló sus senos, la observaba saboreando el labio inferior, los masajeaba con los dedos y ella ahogaba gemido tras gemido con dificultad, a punto de convertirlos en gritos. No soportó más, lo haló de la camisa y lo rodeó con las piernas. Se masajeaba la entrepierna contra los pantalones de Ethan, sentía el pronunciado bulto y la presión descargaba fuego a lo largo del cuerpo. Los pantalones cayeron al tiempo que halaba la rosada y diminuta prenda interior, tan fuerte quemó las piernas de Mayra, soltó un quejido.
Él se inclinó un poco, el corazón funcionaba casi a modo de zumbido, las gotas de sudor drenaban de la frente y la primeria embestida fue lenta pero poco amable sintiendo como un puñal de ardor agradable. No fue cuidadoso ni gentil, no fue suave ni delicado, fue brusco, demasiado para lo que esperaba de su apasionado deportista, tal vez lo había esperado demasiado y se había creado expectativas demasiado altas, pero su deseado tan Black estaba hundido en ella y eso le llenó de satisfacción, tal vez no la plenitud que produce estar con quien se ama, pero si la satisfacción de obtener lo deseado y sentir que si podía tenerlo a él, podía tener lo que quisiera. Ethan movía las caderas contra ella aumentando el ritmo, los gemidos dejaron de esconderse y salieron sin pudor alguno, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, cada embestida llegaba más y más dentro suyo. No era el primero, ni el mejor ni el peor sexo de su vida, pero las circunstancias le resultaban extremadamente excitantes. Se levantó subió los brazos a su cuello de manera acrobática y lo besó con desespero. –Por fin estás conmigo y te vas a quedar conmigo- Musitó. Ethan frunció el ceño, se detuvo mirándola con seriedad, no parecía haber recibido bien sus palabras, pero continuó moviéndose después de unos segundos acelerando el ritmo –Te quedarás conmigo ¿verdad?- Jadeó Mayra, Ethan se apartó de ella con aspereza –Mayra, creo que es mejor que regreses-
-¿No quieres continuar?- Preguntó con desencanto, estaba desconcertada.
-Tal vez otro día, linda. Ya llevamos mucho tiempo acá, es mejor no arruinarlo más- El rostro de Ethan mostraba una sonrisa demasiado fingida como para no darse cuenta, Mayra se acomodó el vestido y el cabello -¿Y tú?-
-Esperaré un rato- Era serio y distante. Mayra salió del cuarto en silencio.

El pálido rostro de la joven estaba cubierto de rubor -¿Qué? Usted pidió los detalles- esbozaba una ligera sonrisa al considerar la naturaleza de su narración, era lo completamente opuesto a la inocencia que su rostro mostraba.
-¿Dice que salió del cuarto y él no volvió a salir? ¿Con quién estuvo después?- Goldman observó de reojo a Carl, parecía agasajado con la historia.
-Salí, al igual que todos, en medio de la confusión, los gritos y las máscaras y los estúpidos de último año que llevaban túnicas negras y se dedicaban a atravesarse en mi camino. Cuando bajé las escaleras busqué a mi novio y a los demás del grupo pero no los encontraba, así que fui a la mesa de los bocadillos y me serví algo de ponche-
-¿Sola?-
-Sí, estaba sola, pero todos estaban allí y me vieron, todos me conocen, puede preguntarles. Estaba junto a la mesa tomando ponche cuando escuché los gritos y la conmoción y todos corrían- La voz se debilitó  -Seguí a la multitud, Tara lloraba, Aaron estaba pálido y entonces lo vi, Ethan estaba…- Las lágrimas corrieron por las mejillas.
-Eso es fácil de comprobar- Intervino Carl atento -¿Estamos como al principio?-
-Peor aún- Goldman caminaba en círculos, le daba vueltas a todo, tres personas que se encontraron entre sí y con Ethan Black minutos antes de que muriera debían al menos haber visto algo, si ninguno de los tres lo había hecho. Alguno debía haberse percatado de algo, niños necios que solo piensan en fiestas, una vida se pierde en sus narices y no se percatan, cómo odiaba esas estupideces de Halloween que los jóvenes tanto amaban estos días. Pensó en su hijo, Johan había crecido tanto, no tan grande como estos chicos, pero pronto llegaría a esa edad y querría asistir a fiestas de Halloween donde la gente se disfraza, se emborracha, tiene sexo  y lanza personas por los balcones, debía enseñarle antes de que eso suceda, que si algo en su trabajo como detective ha aprendido, es que la gente no necesita ponerse máscaras para que uno desconfíe. Sus rostros son las máscaras y siempre hay que desconfiar. Máscaras, cómo odiaba las máscaras, si tan solo no hubiesen tenido la estupenda idea de llevar máscaras, ya sabría quién era el culpable de la muerte de Ethan Black a estas alturas. Máscaras. Frunció el ceño, abrió los ojos de par a par, Mayra y y su compañero Carl lo observaban como esperando que dijera de qué se trataba esa charla que estaba teniendo tan entretenidamente consigo mismo.
-Mayra, necesito que hagas un esfuerzo y me digas exactamente cuántas personas había en el pasillo en el momento en qué saliste- Carl lo observó consternada y sonrió como si entendiera que Goldman tenía algo entre manos, lo conocía bien.

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