sábado, 31 de mayo de 2014

El Último Juicio

Hola bloggers, he vuelto después de tanta demora -.-'... Este relato es algo que tenía que hacer como buena estudiante de derecho, había que sacarle provecho a las aburridas audiencias, buen día a todos :)



Estaba sentada con una rectitud sobreactuada, intentando encontrar una posición permanente. La incomodidad se reflejaba en mi rostro, el hombre uniformado que estaba recostado a la pared izquierda de la sala nos observaba con ojos dibujados por un tinte de disgusto. Agaché la cabeza y me sumí en los apuntes, no soportaba que me observaran así.
-Sí juro- Dijo el joven que acababa de sentarse en el podio de testigos haciendo una ligera inclinación hacia el micrófono que grababa las voces de la audiencia pública.
-Muy bien, diga su nombre y número de identificación- Ordenó el juez, imponente y formal en lo alto de su estrado, pero con voz serena y calmada.
Tomaba apuntes fieles a cada intervención mientras vencía con esfuerzo lo tedioso de aquel evento, apenas había asistido a unas pocas audiencias de juicio oral desde que estaba en la universidad y esta resultaba ser una de las menos alentadoras. El oficial seguía observándonos, no podía concentrarme así. Deslicé mi mano por debajo dando pequeñas palmadas en la pierna de Antonio.
-¿Qué?-Susurró. Abrí los ojos al máximo y luego los dirigí al alto y robusto oficial aun recostado a la pared y seguido por otros dos policías custodios. Antonio sonrió e hizo señas a Isabel y Carla. Mis compañeros habían encontrado su propia forma matar el aburrimiento de la audiencia, habían estado enviándose pequeños papeles y bromeando entre ellos todo el rato, yo era la única que tomaba apuntes y al parecer, la única que recordaba que al final debíamos entregar un informe.
El ruido que emitían era mínimo, pero se acentuaba gracias a lo pequeño y claustro del lugar y a la escasez de acudientes. Los chicos retomaron la compostura, la quietud se apoderó del lugar, dejando filtrar únicamente las voces de los intervinientes.
-¡Objeción, señor juez!- Exclamó el fiscal en el podio de la derecha, contaba solo con un una carpeta de papeles y hablaba con la confianza y firmeza que daban cuenta de su experiencia -El abogado no está preguntando, está afirmando. Sugiere las respuestas al testigo-
-A lugar- Dijo el juez asintiendo con la cabeza –Retome-Ordenó al abogado defensor.
-Está bien- El abogado defensor rascaba su cabeza con ansiedad, no era la primera vez que el fiscal atacaba. Había derrumbado con ligereza todos y cada uno de sus argumentos y pruebas, y ahora lo hacía también con sus interrogatorios a los testigos que entraban uno a uno en la sala, se mostraba impaciente e irritado- Señor Monsalve, cuando usted vio venir desde la esquina del callejón del Canto a aquel joven, es cierto que este no lucía como el señor Suárez ¿Verdad?, tengo entendido que a diferencia de mi defendido, quien usted vio era una persona robusta...-
-¡Objeción, su señoría! Lo está haciendo de nuevo, no está haciendo preguntas al testigo, está haciendo afirmaciones improcedentes-
-A lugar. Señor abogado de la defensa, retome la pregunta y hágala con pertinencia, por favor- El juez ordenó con rigidez al estresado defensor.
“Fiscal usa patada voladora. Directo en el culo” Leí y sonreí devolviendo la nota de papel a Isabel, todos estaban encantados con el talento del fiscal, tenía que admitir que el abogado de la defensa tenía un aspecto bastante cómico y constreñido. Éramos estudiantes de leyes y no podíamos seguir la simple regla de guardar silencio por un rato.
Una mujer sollozó en mitad del interrogatorio, los chicos aun reían, así que no lo notaron. La observé, era delgada, morena, con arrugas marcadas y algo desaliñada. Me distraje para buscar alrededor, no había nadie, solo un par de campesinos sentados tras la mujer, el hombre del ministerio público que se mostraba desinteresado, los dos policías acababan de salir hacía tan solo un instante, dejando sólo al oficial custodio; el testigo, el juez, el fiscal y nosotros.
Y el joven indiciado, Suárez era su apellido, era moreno, de baja estatura y con una delgadez exagerada, no podía tener más de veinte años de edad.  Lo miré y para mi sorpresa nos estaba observando, su rostro era inerte y su expresión vacía, era imposible descifrar qué pasaba por su mente. Un frío cortante recorrió mi cuerpo, apreté la mano de Antonio -¡Cállense!- Ordené nerviosa, Suárez no desfijó su mirada hasta que la mujer volvió a sollozar. La observó,  un esbozo de tristeza se escapó de su rostro, aquella debía ser su madre.
 Estaba solo, solo con su madre y tal vez el par de hombres eran conocidos o familiares, eran todos campesinos. Estaba solo, iría a la cárcel y dejaría a su madre también. La compasión se apoderó de mí, volví a hundir la mente en los apuntes, “no debes involucrarte” pensé con fuerza y continué tomando notas.
El oficial volvió a observarnos con notable irritación, se levantó y quitó las esposas de una de las manos de joven indiciado. Lo levantó guiándolo al podio a dar su declaración, la mujer quebró en llanto cubriendo el rostro con las manos. Abrí mi cartera, tomé un pañuelo, lo sacudí poniéndome de pie, di un par de pasos hacia ella y se lo ofrecí. Vi el asombro y la tristeza en sus ojos, uno de los campesinos de atrás me agradeció con un gesto. Volví en silencio mi silla, los chicos me observaban consternados, al parecer nadie había notado que la mujer lloraba, hasta en un simple acto de amabilidad, el impulso siempre me ganaba la batalla. Todos observaron a la mujer y luego al joven en el podio listo para ser finalmente interrogado. Suárez me observaba de nuevo con aquel rostro vacío, haciéndome volver a bajar la mirada.
Se sentó con la cabeza agachas mientras se sobaba las muñecas recién liberadas, el oficial acomodaba las esposas y el juez recitaba las formalidades.
-Señor Suárez ¿Dónde estaba usted el martes doce de julio a las once y treinta de la noche?- Preguntó el abogado
-Yo… Ehmmm… Yo- El joven balbuceaba. Estaba ansioso y miraba al oficial con notable desprecio.
-¿Señor Suárez?- Insistió el abogado.
Y en un ágil e inesperado movimiento golpeó al oficial en la costilla con el codo y tomó el arma que descansaba en sus caderas. Los ojos del oficial se abrieron de par a par y recibió dos disparos en el estómago. Los gritos y la conmoción se apoderaron del pequeño recinto, todos se agacharon buscando refugio bajo sus sillas.
Fueron dos golpes retumbantes que ardieron en los oídos de todos, caí sobre mis rodillas, Isabel y Carla se acurrucaban en medio de los gritos mientras Antonio nos obligaba a retroceder.
Suárez se levantó del podio se puso frente al abogado con los ojos rojos y una ira enérgica que contrastaba con su escuálido aspecto. Le dio un golpe colérico con la cacha del arma en la cara dejándolo inconsciente. Se sacudió de gloria, como si hubiera estado esperando dar cada golpe desde siempre.  Se devolvió, caminaba con lentitud y firmeza, se puso de pie en medio de la sala con el arma apuntando a todas partes en busca de objetivos. Se detuvo en dirección al incrédulo fiscal dejando salir un golpe seco, rápido y sin pensarlo justo en el pecho.
El arma giró como si los gritos atemorizados le alentaran a continuar, se detuvo frente al juez, parecía pensarlo, apretó el puño izquierdo y disparó en el hombro haciéndolo caer y arrastrarse de dolor. No parecía preocupado por matarle, lo observó por dos segundos y giró, el silencio llenó el lugar. Apuntó al obeso representante del ministerio público quien cayó arrodillado pidiendo clemencia, el hombre que hasta entonces había estado callado y pasando inadvertido con desinterés  e indiferencia ahora llenaba con su  voz desconsolada la sala. Suárez giró y nos encontró con la mirada, me aferré al brazo izquierdo de Antonio mientras Carla e Isabel se abrazaban tras él, un frio mortífero hizo temblar el suelo bajo nuestros pies, ahora nosotros éramos su objetivo. Había castigado la tirantez del oficial, la ineptitud del abogado, la inclemencia del fiscal, la apatía de juez y ahora a nosotros. Las risas y los chistes que habíamos hecho en el momento en que este hombre dejaría sola a la madre que  desconsoladamente lloraba agachada bajo su silla apuñalaban de culpa y miedo mi propio interior. Venía a vengar todas nuestras burlas y podía ver la indignación en sus ojos.
Dio tres largos pasos en dirección a nosotros, apuntó con el arma y Antonio se puso frente a nosotras recibiendo un tiro en el estómago.
-¡No!- Lloró Isabel contra el piso y el cuerpo inerte de Antonio cayó sobre mí. La sangre se deslizaba en mis manos, el dolor y la conmoción me apuñalaban el alma, era presa del pánico y gritaba sin consuelo alguno. Suárez me apunto con el arma y el tiempo se detuvo.
-¡Ya, hijo!- Gritó la mujer mientras los hombres que estaban tras ella intentaban detenerla –Hijito… Ya basta- Lloró poniendo las manos en el rostro sosteniendo aun el pañuelo, como si no quisiera ver aquel ser despiadado que lucía como su hijo.
-Ya, mamá. Ya nos vamos de aquí- Apaciguó el joven con voz grave, por fin se escuchaba claramente su voz, la tranquilizaba como si tuviera que arreglar un inconveniente y luego retornar a casa con normalidad, como si no fuera consciente de la naturaleza de lo que hacía. Estaba estático observando a su madre, mirando fijamente el pañuelo, entonces me vio como si todo se aclarara en su mente, bajó el arma y la tristeza que había visto antes volvió a apoderarse de él. Dos tiros sonaron, me cubrí los oídos con las manos manchadas de sangre, Suárez dejó salir las lágrimas, cayendo arrodillado, luego de frente al piso dejando caer el arma y mostrando los dos impactos de bala en su espalda. Los dos policías custodios que habían salido y un par de refuerzos se encontraban ya dentro del lugar, uno de ellos aun con el arma levantada, le había dado aquellos dos tiros al joven asesino y culminando con la pesadilla. Todos corrían y lloraban por escapar del lugar, todos menos aquella mujer que había quedado sola llorando sobre el cuerpo de su joven hijo, para ella la pesadilla nunca culminó.

2 comentarios:

  1. Escribes muy bien amiga, me gusta mucho y tu blog se mira muy cool, buen trabajo de diseño :3 Ya sigo tu blog, me quedo por aquí :3 Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por quedarte aquí, Juan. Me alegra mucho que te gustara el blog, ya me paso por el tuyo, Un abrazo :D

      Eliminar

No te vayas sin comentar :)