jueves, 20 de febrero de 2014

La Ventana

Había perdido la cabeza absorta en pensamientos, mirando mis botillas de cuero ir, cada una un paso a la vez sobre la acera adoquinada. La brisa me golpeaba de cuando en vez, no me había chocado con nadie, el casco antiguo de la ciudad no debía estar muy poblado esos días. Alcé la mirada, un par de personas alrededor, un grupo de palomillas revoloteando, un cielo bastante gris y opaco y finalmente la mediana edificación de imponente cúpula, tal y como la recordaba. Definitivamente había llegado a la plaza de la Santísima Anunciada. No recordaba que estuviera tan cerca, de hecho la recordaba un tanto más grande, había perdido total noción del tiempo mientras caminaba y habían pasado ya muchos años desde mi última visita. “Florencia, ¿Acaso has encogido?” Pensé con una ligera curva pintada en los labios. La ciudad no había encogido, yo había crecido, esos recuerdos de la infancia siempre te dibujan el mundo mucho más grande en la cabeza. Di media vuelta para admirar el par de edificios patricios sobre el otro lado de la plaza, caminé lentamente inhalando y saboreando cada centímetro de su magnitud. El de la derecha era mi favorito o como la abuela le llamaba “El Grifoni”. Miré a un costado de mi hombro y casi pude escucharla contándome con entusiasmo la historia, era mi preferida y la de ella también.


Me fui acercando más, ya casi estaba por salir de la plaza, ya observaba con claridad la última ventana hasta arriba, la ventana que siempre permanece abierta. La abuela decía que aquel edificio había pertenecido en siglos pasados a los Grifoni, que un día una bonita niña de cabello largo, joven y sonriente -“así como tú” me decía siempre- se casó con un joven Grifoni, estaban muy felices y enamorados, hasta que él fue enviado a la guerra. La felicidad no duró mucho, como todas las alegrías de esta vida. La joven esposa vio partir desde esa ventana a su amado y lo esperó allí mismo desde entonces. Decían que tejía y bordaba todo el tiempo con aquella ventanita abierta esperando verlo llegar a través de la plaza. Su amado nunca volvió y la vejez marcó sin piedad su inocente rostro. La misma ventana que vio partir al joven marido, la vio partir de este mundo también a ella. Contaban los lugareños que cuando recogieron sus pertenencias del cuarto, quisieron cerrar aquella ventana, entonces una brisa extraña inundó el lugar, objetos se elevaron, las luces se apagaron y el edificio tembló. Solo hasta que la ventana estuvo de nuevo abierta todo volvió a la normalidad. La gente tuvo mucho miedo y desde entonces aquella ventana permanece siempre así. Siempre abierta para que algún observador desde el interior pueda admirar toda la plaza.

“A veces la vida te sienta a ver la felicidad alejarse de ti con impotencia, así que si tienes la oportunidad de correr tras ella, ¡Alcánzala! Sino lo haces, no solo la felicidad se habrá ido, un día descubrirás que tu vida también se fue mientras esperabas” Me dije a mí misma fingiendo la voz ronca y con acento de la abuela, casi sentí que me rodeaba con su brazo. La nostalgia se apoderó de mí. Me encargué de que “correr tras la felicidad” se volviera mi lema toda la vida, todos los que me conocían lo sabían, solo que esta vez no estaba tan segura de que sería tan sencillo como lo mostraba la abuela.
Miré hacia atrás, de nuevo la catedral, “Qué tonta, casi olvido persignarme”pensé, hice la señal sagrada en mi rostro con una leve reverencia a la santa edificación. Veía a con cada vez menos claridad, entonces alcé mi manga, observé mi reloj y mis ojos se abrieron de par a par. El cielo no estaba solo opaco, estaba anocheciendo y ya era tardísimo. Las horas se me habían ido y ya era momento de regresar. Vaya forma tan peculiar de disfrutar mi tiempo en la toscana.

Mi vista se posó una vez más en la ventana, las persianas cerradas igual que todo el edificio y sus alrededores, todo tenía un aspecto desolador. El viento volvía a soplar con fuerza, una de las puertitas se meció provocando un rechinido que se perdió en la amplitud del lugar. Un escalofrió subió por mis pies. Un vistazo rápido del lugar, unas seis personas alrededor iban avanzando hasta alejarse. Froté mis manos y crucé mis brazos. Un brusco golpe me hizo brincar de susto, las puertitas chocaban con la pared. Di un paso atrás, el sonido del tacón de mi bota en el piso hizo eco, las palomillas se alejaron en un unísono revoloteo. Todo estaba de pronto más callado o mi oído se había agudizado en segundos. “Es hora de irse” fue como un aviso en mi mente que llegó de pronto.


Me dirigí a la calle saliente, no era muy ancha y estaba levemente inclinada. El viento seguía golpeando con fuerza. Observé la calle, dos personas iban, una venía. Un par de pasos más, otras dos personas cruzaban, dos venían. Llegué a la esquina, un callejón a la derecha, una calle que no reconocí a la izquierda, una persona a lo lejos en esa calle, una persona que venía. Aun venía, seguía tras mío desde la plaza, todos mis sensores de alarma se activaron. Aceleré el paso, debía estar paranoica, en cuestión de segundos estaba ya en la otra esquina, crucé a la izquierda, la calle estaba algo obscura pero al fondo se divisaban ya las luces de la noche que cae en una hermosa ciudad. Unos pasos le hacían coro a los míos, miré hacia atrás, el mismo hombre que me seguía, una siniestra figura de tez clara y abrigo negro, todo lo que alcanzaba a distinguir. 

Parecía caminar una maratón, estaba acelerada, mi corazón me perforaría el pecho, corrí. Llegué con enorme alivio a la transitada calle, las luces, las personas, los autos pasando, bendita modernidad. Miré de reojo la obscura calle, como si acabara de salir de un portal hacia un siglo pasado, no había nadie.
Caminaba entre algunas personas con la mano en el pecho y la respiración alterada, ya quería estar en casa. Una mano que apareció de la nada apretó mi brazo, mi corazón hizo un cuajo e intentó salirse por mi boca.
-¿León?-
-Ali, ¿estás bien?- Su voz calmada y grave. Lo abracé con fuerza, prácticamente me rendí sobre él.
-¿Cómo es que… Estás aquí?- Lo abrazaba, lo miraba, lo tocaba y me pellizcaba a mí misma para asegurarme de no estar soñando, luego volvía a abrazarlo.
-Alison, mi Ali…- Me acariciaba el rostro como si también tuviera miedo de que fuese solo producto de la imaginación, estar allí abrazados con la brisa de las noches de mi amada Florencia -Sé que esto es importante para ti, ¿Cómo iba a dejarte venir sola?- Mis ojos vidriosos dijeron por mí todo lo que yo no fui capaz -Sabía que estarías por aquí por la Santissima Annunziata … ¿Así se dice? Soy pésimo en el idioma- Sonrió -Con ayuda de tu padre me las arreglé para encontrarte, no conozco el lugar- Del otro lado de la acera un auto con luces parpadeantes me fue familiar, “Papá, cuanto te agradezco” pensé maravillada.
-¿Qué sucede? ¿Por qué viniste?-
-Sé muy bien que este trabajo es tu sueño y que siempre has amado esta ciudad aún sin haber podido volver desde que tu abuela murió ¡Mírate! Encajas perfectamente, este lugar será tu nuevo hogar.-
-¡No puedo! Aun no estoy segura, son muchas cosas que pensar- sujetó mi mano -¿Cómo podría dejarte y venir a Europa sin ti?-
-Oye- Me dio un apretón –Lo único que hay que pensar es si acaso Florencia tendrá un espacio aquí para mí-
-¿De qué estás hablando?- No lo podía creer, traté de no malinterpretarle, de no hacerme ilusiones.
-Es así, no hay nada que explicar, solo que “si tienes la oportunidad de correr tras la felicidad, alcánzala”- Me besó, la gente seguía pasando ya sin que lo advirtiéramos, de nuevo todo se acalló y apagó a mi alrededor, esta vez en buen modo -Tu felicidad es este trabajo y esta hermosa ciudad, por eso lo aceptarás y te quedarás aquí, mi felicidad eres tú y por eso yo también me quedaré- Mi corazón, seguía inquieto,  esta vez en buen modo. Ya no vería mi felicidad partir a través de una ventana.

Por Daniela, escritora en Club literario "Vidas de Tinta y Papel"

6 comentarios:

  1. Sinceramente preciosoo <3 Y con un final feliz muy romántico. Has logrado adentrarme en la historia de Alison y León.

    Besos

    Ivet Sarkis

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    1. Que bueno que la historia lograra cautivarte :) Gracias Ivet.

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  2. Aaais... ¡La bella Toscana me robó el corazón con solo pisar sus calles!
    Que genial que hayas escogido este precioso lugar :)
    El final de tu relato ha sido dignísimo de un lugar tan precioso como lo es Florencia, ¿no es así?
    La Piazza della santissima annunziata <3 ¡Qué mágico lugar!

    Sólo una cosita: la primera fotografía pertenece a " La Piazza dei Miracoli («Plaza de los Milagros») o Piazza del Duomo («Plaza de la catedral») es una amplia área amurallada en el corazón de la ciudad de Pisa, Toscana (Italia) renombrada como uno de los principales centros de arte medieval del mundo. En parte pavimentada y en parte cubierta de hierba, está dominada por cuatro grandes edificios religiosos: El Duomo, la Torre inclinada de Pisa, (campanario de la catedral), el Baptisterio y el Camposanto.
    El nombre de Piazza dei Miracoli fue creado por el escritor y poeta italiano Gabriele d'Annunzio"

    ¿Se ha notado mi extracto de la wiki? Es sólo para que lo sepas, me encanta ese lugar :)
    ¡Gracias por escribir sobre la preciosa Toscana!

    Siento haber tardado en pasar,
    ¡un beso!

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    1. Claro que sí, la escogí sin dudarlo, pero no tuve tiempo de escoger la foto precisa de la Santísima Anunciada, ni la Vía Servi, ni del edificio Budini-Gattai del que hablo en mi historia, ya que una leyenda parecida realmente existe y me fue imposible no sacarle jugo. Y pues subir tus fotos era regla, yo sigo las normas xD (que juiciosa) ..... Me alegra que te gustara. Saludos Princesa :)

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