lunes, 3 de febrero de 2014

Fiesta Con La Muerte

Parte 3: ¿Qué más da?

-Tal vez venir no fue la mejor decisión, esperaba que vinieras y te divirtieras, pero veo que no eres capaz de manejar esto. Ve a casa y descansa- Siseó Ethan con serenidad. -¿No te das cuenta que las personas te están mirando y escuchan todo?
-Ah, claro. Debí saberlo. No es lástima, es pena. Te doy vergüenza.
-Aaron, no quise decir eso, yo solo…-
-Pues lo lamento, lamento no estar a tu altura y no tener tu vida perfecta. Desearía tenerla a ver si todos dejan de joderme. Deberías darme unos tips- Comenzaba a alzar la voz y se tambaleaba exageradamente.
-Aaron ¿Has bebido? –Preguntó con voz pausada, Ethan intentaba tomar el control de la situación, la gente comenzaba a murmurar.
-Largo de mi vista Ethan, no quiero que me jodas tú también-
-Entonces no actúes como un niñito berrinchudo- Agregó con firmeza.
-¿Cómo me llamaste?- Aaron se acercó a su hermano desafiante pero Jane y Gary intervinieron sujetándolo y atrayéndolo de nuevo a la mesa por bocadillos.

-Y por eso intentaste matarlo… Vivir toda una vida a la sombra de tu hermano no ha debido ser fácil- Dijo Goldman como si se tratase de una afirmación muy cotidiana.
-¡Ya le dije que no lo hice!- Aaron estaba ofuscado por la actitud de “policía bueno” de Goldman, había visto bastantes películas como para no saber que se trataba de un truco.
-En todo caso, esa discusión fue bastante fuerte, algunos aseguran que lo empujaste después de eso- El agente intentaba incansable descontrolarlo.
-Usted no entiende, exageran cosas. Me culpa solo porque discutí con él en la fiesta, pero no sabe que no fui el único que tuvo un encuentro desagradable con Ethan. Estaba bastante insolente, probablemente por los tragos, yo que sé…-Aaron estaba desesperado, pero a medida que hablaba, su mente se aclaraba y recordaba más detalles de la noche anterior.

-De verdad Gary, vete tranquilo, estoy bien- Sugirió Aaron sentado cabeza agachas junto a la mesa de los pasa bocas, evitaba mirar a cualquiera directamente, excepto aquellos bocadillos de maní remojados con alguna salsa picante extrañamente deliciosa. Engullía uno tras otro.
-Yo me quedo con él- Jane sonrió complaciente, dándole tranquilidad a Gary para salir de la mano de una chica de encantadora cabellera castaña con la que había estado hablando.
-No quiero hablar de eso- Exclamó Aaron, ya se había quedado a solas con Jane y esta no hacía más que mirarlo, resultaba inquietante.
-Lo sé- Sonrió -­Relaciones y hermanos mayores, dos temas difíciles.-
-Te acabo de decir que…-
-¿Más ponche?- Jane comenzaba a emocionarse con la bebida, ya había tomado un par de vasos, sirvió un poco más para Aaron. “¿Qué más da?” pensó y paró de comer para seguir bebiendo. Lo hacía sin decoro alguno. Era cierto aquello de que gracias a su rutina deportiva el alcohol no era algo a lo que estaba acostumbrado, siendo un novato, en poco tiempo estaba bastante enfervorizado.

Jane bailaba sola con el vaso en la mano, su cabello corto de un castaño rojizo se meneaba con gracia, su vestido dorado y ajustado le sentaba muy bien. Era delgada, alta y algo pálida, pero sabía hacerse notar. Tenía una personalidad ardiente y para nada convencional, Aaron nunca había tenido una charla concreta con ella a pesar de compartir muchas clases. Gary en cambio sí la conocía muy bien, decía que era linda y graciosa pero que tenía una especie de vibra de “aléjate si sabes lo que te conviene” que ahuyentaba a cualquiera con intenciones de pasarse de listo. Siempre estaba haciendo ruidos y escuchando esa música pesada, todo un personaje.
-¡Espera! Amo esa canción- Exclamó extasiada y halándolo con fuerza hasta pararlo de la silla donde había estado achantado un buen rato. -¡Bailemos!-
“¿Qué sucede con esta chica?... Yo ni sé bailar” Pensó Aaron. Ya ni siquiera hablaba más que para sus adentros. Estaba desorientado. No distinguía la canción pero verla tan emocionada le resultó encantador y una vez más “¿Qué más da?”. Terminó el vaso que tenía en la mano y caminó hacia ella.
Se movía con torpeza pero gran entusiasmo, la fiesta era todo un éxito, todos a su alrededor se movían con ritmo y fervor. Algunos gritaban y la creciente cantidad de personas en el lugar solo aumentó la confusión de Aaron. No sabía qué estaba haciendo exactamente respecto a su “baile” pero hacía su mejor esfuerzo, sorpresivamente lo encontró emocionante y los estímulos no se hicieron esperar. La chica se meneaba con gran habilidad, al punto en que para Aaron se hizo muy claro que no la conocía en lo absoluto así que se alegró inmensamente de que estuviera allí. Restregaba su encantadora figura de espaldas a él, lo hizo gritar de emoción. Se acercaban y se acercaban cada vez de manera más sugestiva. Aaron dejó de emitir sonido alguno por un momento, se limitaba a mirarla y a sudar exageradamente.

Estuvieron bailando juntos con una ardiente lentitud que contrariaba el compás de la música. Jane le sonreía todo el tiempo, juntó su frente con la de él y dejó su boca a una irresistiblemente corta distancia. Su mano se deslizó desde el cuello hasta el hombro derecho y bajó con lentitud a través de su pecho. Dos de sus botones ya estaban abiertos y la caricia en extremo fue vívida. Cada centímetro del recorrido resultó torturante para Aaron, casi doloroso. La respiración entrecortada, con su mano derecha la tomaba de las caderas y la acercaba a las suyas pausadamente pero con fuerza.
Aaron no supo si fue el alcohol, la música, el ambiente, la escandalosa cantidad de parejas besándose a su alrededor o tal vez todas al tiempo, pero sin poder si quiera haberlo previsto hacía tan solo una hora o más, él y Jane se encontraron con sus bocas húmedas y sedientas en un beso posesivo y exagerado. Estaban desesperados, ya no paraban de hacerlo. Daban vueltas riendo y rozando con los dedos la espalda del otro.
Acercó su boca y respiró en su oído haciéndola estremecer –Así que…  Un pasillo en el segundo piso… Ese de las “fiestas privadas”- Ella estuvo callada por un par de cortantes segundos, Aaron pensó por un momento que había arruinado todo, no sabía ni porqué había dicho eso, por el alcohol probablemente.
-Pensé que nunca lo dirías…- Sonrió mordiendo su labio inferior y lo haló del cuello de la camisa guiándolo en la multitud hacia las escaleras.
Las escaleras eran anchas y con un grabado en madera muy fino en las barandas, cubiertas de una alfombra vino tinto que les daba elegancia e imponencia. Los chicos se besaban y tambaleaban al subirlas, Jane ayudaba a Aaron quien a duras penas sabía dónde estaba parado.  Reían escandalosamente de su propia ebriedad hasta llegar al último escalón.
-¡Suéltame! Eres un maldito hijo de puta. No te quiero volver a ver en la vida- Los gritos de la chica interrumpieron las risas de de Aaron y Jane.
-Tara ¡Cálmate, por Dios!- Exclamó Ethan tomando a la chica por el brazo con fuerza. Ahora parecía que eran ellos quienes habían interrumpido una seria discusión. Ethan lucía pálido y nervioso y Tara tenía los ojos rojos y un aspecto endemoniado. Los cuatro se miraron con perplejidad, el silencio fue lacerante. Aron y Jane siguieron su camino por el pasillo, una vez que les dieron la espalda escucharon algunos murmullos. Aaron y Jane se miraron consternados.
-¿Sabes qué? ¡Púdrete Ethan!- A Tara no parecía importarle que la escucharan, así que los chicos solo siguieron de largo concentrados en sus carcajadas.

-¿Jane Anderson puede corroborar eso?- Preguntó Goldman frunciendo el ceño.
-Claro que sí, puede preguntarle, estuve con ella el resto de la noche.- Aaron estaba cada vez más desesperado.
-Entiendo… Usted estaba con la chica en el segundo piso, al igual que su hermano, un rato después alguien intenta asesinarlo… Desde el segundo piso- Eran solo conjeturas, pero no sonaban nada bien para Aaron -¿Y qué pasó entonces?-


-Lo que sucedió después es algo horrible… De lo que no me siento orgulloso, eso es seguro… Pero no incluye lanzar a mi hermano desde un segundo piso-

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