lunes, 27 de enero de 2014

Fiesta Con La Muerte

Parte 2: Un trago.

-¿No entras? El ponche está bueno, lo más rescatable de esta fiesta… Oh, oh.- Jane se interrumpió, miraba a la entrada de rejas- Creo que ahora sí, la fiesta ha comenzado- Ambos voltearon. Una imponente caravana se contoneaba con elegancia a través del jardín, los de último año.
Ethan Black, el capitán del equipo de baloncesto y hermano mayor de Aaron, el consentido de la familia, para él no era nada complicado manejar el último año de escuela, ser un jugador estrella y ganar el campeonato interescolar dos años seguidos, tener una novia hermosa y gozar de amplia popularidad y aceptación. De hecho parecía hacer todo eso sin esfuerzo alguno, por el contrario Aaron, bueno él apenas y sobrevivía. Su presencia era fuerte, todos lo observaban  y él lo sabía, sin contar por supuesto, que venía de la mano de su despampanante novia, Tara vestía una bella pieza roja ajustada que resaltaba su piel bronceada y sus largas piernas, “ser el mejor significa que solo puedes tener lo mejor” pensó Aaron. Detrás de ellos, los chicos de último año que siempre rodeaban a Ethan. En el tumulto aquella brillante cabellera rubia resaltaba sin problema, casi tan hermosa como Tara, era la única de un curso menor en el grupo pero sabía bien como encajar. Mayra vestía de azul intenso con un collar de perlas que lucía exquisito en su garganta, la más pequeña del grupo o al menos así lucía al lado del enorme Mike Brooke, alto y corpulento con una mirada glacial.
-No sabía que este año el baile tendría sección infantil- Bromeó uno de los chicos al lado de Ethan, todos rieron.
-Déjalo ya Will, sabes que es la futura estrella de nuestro equipo. Si va a mantener nuestro legado, es justo que se le permita divertirse- Sonrió Ethan recibiendo las máscaras- Ya era hora hermanito- dijo despeinándolo un poco y haciendo su gran entrada. Todos lo siguieron, Incluyendo a Mayra quien lanzó una fugaz y aguda mirada. Aaron observaba de reojo en una risita en extremo forzada al entregarle su máscara. “Una máscara del color de su vestido para que convine. Sí que le sienta bien el azul” pensó. Sacudió su cabeza, no podía creer lo que estaba haciendo, era deplorable.
-Lo bueno es que las máscaras se acabaron- Dijo Jane rompiendo el amargo silencio –Ya podrás ir a la fiesta y yo podré irme a casa- Sonrió.
-¿Irte?¿Estás loca? Esto apenas empieza, no seas aguafiestas, será divertido- la tomó de la muñeca y la arrastró al interior de la casa –Ahora muéstrame dónde está ese ponche-

El ambiente dentro era concurrido y de música escandalosa, la mayoría vestía máscaras y algunos graciosos de último año vestían túnicas negras. Las luces eran tenues en el gran salón, la sala contigua era obscura, iluminada con algunas luces intermitentes tipo disco. Telarañas colgando en todas partes y retratos antiguos de ojos perturbadoramente brillantes. Toda una casa de misterios.
-Me decías que ayudabas a tu hermana con la organización… Debo decir, hicieron un gran trabajo aquí, de verdad es espeluznante- se detuvieron frente a una larga mesa con tres jarras de ponche, gelatinas de colores y una gran variedad de pasa bocas. Jane comenzó a servir el ponche en los vasos.
-Melissa no está con los “chicos cool”, como tu hermano, pero se esfuerza mucho y mamá me obligó. Además, no hicimos nada, esta casa lo hizo todo por sí misma. Es tétrica, me encanta- lo miró a los ojos mientras le entregaba el vaso, curvaba los labios en una sonrisa hambrienta -El señor Montecarlo era un millonario rico que vino de Italia y construyó esta casa para su familia, murió en extrañas condiciones dejando a sus cuatro hijos luchando por su jugosa herencia, algunos dicen…- Narró en tono “dato curioso”.
-Que fue asesinado por dinero-Aaron continuó, apropiándose del relato- Ya que ninguno se atreve a volver a este lugar ni pueden venderlo, solo lo rentan para eventos. Esta casa esconde un grande y trágico misterio familiar… Sé todo sobre los Montecarlo, también me encanta esta casa, vivo a dos cuadras y mi abuelo solía contarme esa historia de niño. A decir verdad esa es la única razón por la que vine…- tomó un sorbo y escupió al instante, tosía con desesperación, le faltaba el aire -Pero qué mier… ¡¿Qué tiene esto?!-
-Es la fiesta más esperada por los de último año… ¿Qué esperabas? ¿Limonada?- Rió a carcajadas.
-No tomaré esta basura- Jane alzó la ceja -¿Qué? Soy atleta en formación, cero alcohol- Agregó Aaron encogiéndose de hombros.
-¿Seguro que esa es la razón por la que viniste?- dijo Jane observando detrás de él, su mirada señalaba a Mayra. La vivaz rubia contoneaba su figura entre los chicos mayores, siempre con su acompañante y el grupo con el que entró en una especie de “zona VIP”.
-¿Ella? Claro que no, eso está por completo superado y… Permíteme- Embutió de un solo trago todo el vaso de ponche y arrugó el rostro con ardor- También tengo derecho a divertirme- Exhaló con fuerza.
-Sí, seguro- contestó Jane arqueando las cejas, se mostraba expreso escepticismo mientras le servía otro vaso de ponche.
La charla sobre su mutua fascinación por aquel lugar era muy amena, aun así, Aaron no era tan fuerte. Cada que tenía oportunidad, observaba con agilidad su objetivo, únicamente para encontrarse con la desagradable imagen de Mayra divirtiéndose sin advertir si quiera que él existía, entonces solo tragaba un vaso más de la bebida fuertemente cargada, una y otra vez.
-¿Cómo va todo?- Gary apareció de la nada –En el salón principal ya hay una interesante cantidad de chicas asustadas, esta fiesta es estupenda- Brincaba, como siempre.
-¿Tú qué crees?- Contestó Jane volviendo a guiar la mirada sobre Mayra. A pesar de los miles de intentos de Aaron por mirar a la chica con sigilo y seguir conversando, Jane había percibido toda la situación.
-Oh no, no hermano. No es momento para… ¿Pero qué cojones haces?- Dijo Gary dando un largo paso atrás al ver a su amigo tomar un enorme vaso de ponche de un solo trago, el chico meneaba la cabeza con el rostro apretado, parecía ser torturante.
-Es un “atleta en formación”- La sonrisa y el sarcasmo de Jane no calló nada bien.
-Voy a pasarla bien, Gary. Tenías razón, es una perra ¡Mírala!... Viene aquí a restregarme su maravilloso nuevo novio y nuevos amigos-
-Debes relajarte y no hacer nada estúpido, esa chica le ha hecho bastante ya  a tu reputación. Ya no quiero escuchar más ese nombre- Exclamó Gary con decisión.
-¡Mayra!-
-Jane, no eres graciosa. De veras-
-No, de verdad es Mayra, viene hacia acá- Aclaró casi disgustada. La chica se alejaba de su grupo y venía en dirección a ellos, pero antes que Jane y Gary pudieran reaccionar, Aaron ya se había tomado un vaso más de ponche y se dirigía a abordarla.
-Aaron… ¿Estás bien?- Preguntó Mayra con voz tan fina y dulce como ella misma. La intervención pareció sorprenderle bastante.
-¿Qué si estoy bien?... Eres increíble. Eres sínica y despreciable. Tú ni siquiera me interesas, no entiendo por qué haces esto-
-Oh, cariño. Escucha, podemos hablar de esto. Claro que podemos, sé que lo mereces pero ahora mismo no tengo tiempo-
-No tienes tiempo, estás ocupada desfilándome tu nuevo novio. No es necesario, acá todas las personas ya saben que eres una zorra.- Aaron hablaba fuera de sí.
-Entiendo que estés enojado- Parecía de afán aún mientras hablaba con calma.
-¿Enojado? No tienes idea. Tú solo…-
-Escucha Aaron- Lo interrumpió -Tengo que irme, lo discutiremos después. Ahora no tengo tiempo para tus tonterías- Mayra se alejó dejándolo en mitad del salón con un gesto de desconcierto. “No debí venir a esta estúpida fiesta” pensó, todas esas miradas sobre él lo mareaban. Estuvo allí de pie, desorientado por varios minutos, aturdido.
-Aaron- la voz grave y calmada apareció de la nada.
-¿Tú? ¿Qué mierda quieres? ¿No ves que estoy ocupado con mi miserable vida?- Dijo expulsando con brusquedad la mano que con compasión se había posado en su hombro. -Nadie pidió tu lástima-

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