lunes, 30 de diciembre de 2013

Violeta Mal


¿Cómo luce un alma? ¿El corazón? ¿El aura? No lo sé, pero de seguro luce muchos matices. A uno siempre lo define un color o dos, que reflejan quién eres o cómo piensas o te sientes. Sería imposible definirme como un ser de luz, transparencia o alegría, no si este alma siempre está cubriéndose del exterior, sea bueno o mal lo que guarde dentro, difícilmente alguien de afuera logrará averiguarlo.
Poniéndolo de ese modo, si me preguntas de qué color estoy hecha, habría dicho que de rojo, por guardar cada detalle apasionadamente, de negro por lo turbia e impenetrable. Habría dicho tal vez café, tranquila, sosegada y algo poderosa, color plata porque es algo fría pero brillante. Sí, muchas opciones, fui algo egocéntrica.

Todo hasta que un día alguien me dijo: “tu aura es tan… Violeta, sí, violeta, pero violeta mal” fue tan inesperado y complejo. Tanto tiempo me tomó comprenderlo. ¿Violeta? Ese color tan débil e inestable. Si lo aclaras es tan suave como un segundo rosado y si lo oscureces es tan poco descriptivo. Débil, un simple complemento de otros colores, tan frío, tan dulce, tan triste y nostálgico. Definitivamente no soy nostálgica. Y “mal”, sé que era su forma de decir que era un violeta rodeado de obscuridad o algo así, esa persona sabía bien que no se puede definir a una persona dura por dentro con un color básico y alegre.

Pero entonces lo analicé así: El violeta hijo del rojo y el azul, artísticamente hablando. Es tan pasional y fogoso cuando quiere, como el rojo, sabe sentir, pero a la vez tiene la marca de la tristeza, de la soledad y como tal, emite frialdad igual que el mismo azul. El color más cálido y ardiente junto al color más frío, cortante y desolado de todos. ¿Cómo defines a algo que representa el choque entre el fuego y el hielo? … Jamás será básico, siempre será turbio, tan seco como el azul, tal explosivo como el rojo, tan ágil como sólo él mismo. Adaptable a cualquier situación. Siempre sabrá cómo reaccionar sin necesidad de cambiar su propia esencia, sin necesidad de salir de su propia tonalidad. Lo único que resalta su compleja existencia, casi escondida en la obscuridad, son las sombras mismas que le acompañan, le rodean siempre y de algún irónico modo lo vuelven más brillante a la vista. Hacen que resalte.

Nunca dejará entonces de ser opaco. Morado, púrpura o violeta, las sombras se encargarán de recordarle que no importa que tan bien le vaya, no debe entregarse del todo al ardor y la calidez de un rojo puro, sanguíneo y pasional. Las sombras se encargarán de recordarle que no importa que tan mal le vaya, no debe entregarse del todo a la cortante soledad del azul, pasivo y débil azul. Por eso no es solo violeta, es violeta mal, rodeado de sombras, de hoyos de obscuridad. Nunca será cálido, nunca será frío, solo será él, el opaco color de mi ser.

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