miércoles, 4 de diciembre de 2013

Grítale Al Río


-Vivirlo y ya. Vivirlo y ya, solo vivirlo…- Se repetía una y otra vez. Era una batalla ardua en su mente y aunque quisiera lucir despreocupado el sudor de su frente, la mirada perdida y las manos empuñadas evidenciaban su ansiedad.
-Si no quieres…- replicó ella a su izquierda en un chantajista intento por orillar la camioneta.
-¡No!- Levantó la voz por primera vez en mucho tiempo.
-Bien, porque yo no obligo a nadie- agregó ella observando los dos autos que habían conseguido colarse aprovechando su ligera inclinación a la orilla de la carretera. Uno de los conductores hacía una seña. Frunció el ceño, pisó el acelerador  y consiguió abrirse paso en aquella calle hasta llegar al desvío.

“Aquí vamos” pensó. Ella le miraba de reojo inquieta, era de esperar que no le comprendiera, para ella era un simple paseo de verano fuera de la ciudad pero para él significaba mucho más.
Él vio venir la señal limítrofe con suspenso. Pasó por su ventana sin la mayor dificultad, aquel letrero de “feliz viaje”, oficialmente estaba fuera de la ciudad. Sin rumbo fijo, sin reglas, sin las ordenes de su madre, “¡oh mamá!” pensó “ella es una buena mujer, educarme sola, salir adelante en la vida solo los dos” pero era tiempo de ser libre y de comenzar a vivir por sí mismo. –Estoy fuera- pensó ahora en voz alta -Fuera de la ciudad y nadie lo sabe, solo nosotros y es…-  Ella le observó perpleja. Él inhaló y exhaló ansioso. No, no ansioso, eufórico, con una enorme excitación que recorría triunfal su organismo.
Bajó el vidrio de la venta y sintió el viento golpear su frente acabando con su formal peinado. Sacó el brazo y la cabeza – ¡Es tan wow!- gritó a la veloz brisa, al paisaje de verdes prados a la orilla de la carretera y montañas perdidas a lo lejos. Sintió como el viento ensordecía su débil exclamación. Gritó más fuerte, de repente sintió que podía gritar tan alto, al límite solo de sus propios pulmones.
-Vaya Ricky, nunca pensé que estuvieras tan demente- rió a carcajadas al ver la infantil alegría del chico solo por salir de la ciudad –Pero tienes razón- y de pronto ella bajó su vidrio y sacó el brazo y la cabeza -¡Uujuh!- Gritó con frenetismo, el auto tambaleó haciéndole volver a su posición. El tipo del auto de atrás hizo alguna exclamación.
-Cielos Shana, eso fue demasiado descuidado y peligroso- Dijo Rick volviendo a su habitual tono formal. Se miraron unos segundos y rieron a grotescas carcajadas de aquel irónico momento. Se detuvo un minuto a mirarla, tan delgada y diminuta pero con tanta fuerza, tanta energía. Su cabello de brillante chocolate en una despeinada coleta que caía en forma agraciada y dejaba escapar algunos en sus ojos cubiertos con los lentes de sol tan propios de ella. Su blusa suelta y transparente dejaba ver su sostén negro con shorts rasgados y sus piernas tan…
-Si gustas puedo frenar y bajarme así me puedes ver bien el culo- Le tomó por sorpresa su tono desafiante. Rick retiró de golpe la mirada, las gotas de sudor volvieron a marcar su rostro.
-Yo no… No estaba…- La palabras no salían y eso pareció causarle gracia. Así es, ella sonreía, eso debía ser bueno. Todos su asombroso historial académico, todos los reconocimientos y todos las universidades que le llamaban ahora que estaba a punto de graduarse y al parecer no fue tan listo como para prevenir que su aspecto tímido y asustadizo resultaba en verdad cómico.

Al cabo de unos treinta minutos de Jay-Z a todo volumen, ella aparcó en una pequeña tienda autoservicio de gasolinera en lo que parecía ser la mitad de la nada -Hemos llegado, puedes bajar- Bajó entusiasta y se dirigió a la tienda dejándole solo y sin poder si quiera entender lo que sucedía­.
Bajó entonces del auto y esperó. Unos robustos camioneros al otro lado de la gasolinera le observaban. Se puso tenso, de repente no estaba tan seguro como al gritar en la ventana del auto.
-¡Sorpresa!- Exclamó ella un par de minutos después, al salir de la tienda con una cajetilla de latas de cervezas.
-¿Sabes? Cuando dijiste que escaparíamos a un lugar divertido yo no imaginé…-
-Lo siento, debí saber que mis planes no eran lo suficientemente salvajes para alguien que grita en la ventana de autos en movimiento- Sonrió con picardía.
-Muy graciosa. Lo digo en serio- observó la cerveza señalándola –y ¿Qué sucede contigo? No puedes consumir alcohol- comenzó a seguir a la esquiva chica que se adentraba ya en los arboles cubiertos rodeados de maleza de atrás de la gasolinera en lo que parecía un intento de huir del sermón- Estás conduciendo Shana, puedes matarnos si consumes eso…-
-Nadie se emborracha con medio six pack, idiota. Porque esto no es para mí, es para ambos- sonrió y paró de caminar -Es aquí-

Rick buscó con la mirada aquello que ella observaba con encanto. Estaban en una especie de pequeño risco de un metro bajo el cual yacía un riachuelo de aguas transparentes pero activas, vívidas y en constante movimiento. Las piedras se lograban visualizar borrosamente al fondo, no parecía ser muy profundo.
-Este es mi lugar Ricky, querías escapar… No muy lejos, pero escapar- agregó con una mueca –Pues aquí lo tienes.
-Es realmente hermoso- Estaba atónito.
-Este es mi río- puntualizó contoneándose como presentando un espectáculo –Está aquí para llevarse con la corriente toda la amargura, las ataduras. Está aquí para ahogar tus gritos, porque… Quieres gritar ¿No es cierto?- Le miraba fijamente con ojos brillantes y felinos. El titubeó, no comprendía –Sí, gritar. Sé que quieres hacerlo, desahogarte. Pues esta es tu oportunidad Ricky- Alzó los brazos, ahora ella era la frenética -¡Grita!- Y se acercó sonriente al chico, desabotonando su camisa, despeinó un poco su cabello y tomó sus mejillas –Di eso que siempre has querido decir. Dilo- Rick asintió, se acercó con duda a la orilla, vio el riachuelo, no estaba tan alto después de todo.
-Bien, ehmm… Estos zapatos, mamá me los dio pero siempre los odié, me oprimen…-
-Muy bien, y ¿Qué harás?- acto seguido él se los quitó y los dejó a un lado.
-Oprimen…- balbuceó –Oprimes… Mamá, tú me oprimes, te amo pero… Es tiempo de vivir mi vida- dijo quitándose también el reloj, tampoco quería que el tiempo le restringiera, nada le podía oprimir.
-¡Sí!- Exclamó ella desde atrás.
-Y lo siento pero… No iré a la escuela de medicina. Seré un ingeniero, mi sueño es revolucionar la industria automovilística- Ella alzó la ceja -¡Construiré autos asombrosos!- entonces ella entendió.
-Vaya, eso es increíble, eso me gusta.
-Señor Carton sus clases son basura, ¿9.5?- Ella rio –Y mamá, ¿sabes qué pienso de tu regla “no palabras indecentes en casa”?... Es mierda-
-¡Wow!- Gritó Shana extasiada.
-Así es, yo soy el genio y puedo hacer lo que quiera… ¿Oíste mamá? ¡Lo que quiera! … Mierda, mierda, mierda, mierda…- Estaba ya salido de sus cabales –Y por cierto, Shana, sí te miré el culo cuando bajaste del auto… Y está… ¡Dios!- Se vio abruptamente interrumpido por un empujón en la espalda y sin poder reaccionar, estaba ya sumergido en el agua. Sacó la cabeza aturdido, chapoteaba con cómica rigidez -¡Pudiste matarme!- Exclamó, pero ella no le oyó. Para su sorpresa, se estaba desvistiendo.
-Eres un mirón hijo de puta- Dijo con toda la intención de que él la escuchara y se lanzó al agua en una ágil voltereta. 

Se buscaron bajo el agua, sacaron la cabeza y respiraron frente a frente -Rick…- susurró respirando con agitación -Solo hay una cosa que puedes hacer para evitar que me tome las cervezas y nos mate en el auto de regreso-
-¿Qué?- Preguntó con curiosidad, había olvidado que estaban en la orilla junto con sus zapatos, su reloj y la ropa.

-Tomártelas tú- Sonrió y le dio un intenso, agitado, salvaje y húmedo beso metiendo sus dedos con destreza sus pantalones -¿Qué dices? ¿Trágica muerte o resaca?-

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