domingo, 4 de agosto de 2013

La Primera Vez Que Te Toqué

Parte 2
La universidad puede convertirse en la más, física y mentalmente, agotadora experiencia en la vida de una persona. No solo la parte académica, sino también la presión de seguir el sendero que te llevará al “resto de tu vida” y sin contar las personas y los acontecimientos que suelen marcarte de por vida y en ocasiones hacerte pensar “¿Me habré equivocado de camino?”.
Mildred tenía suerte de tener consigo a sus amigos, las personas más maravillosas que le hacían la vida más llevadera y le daban luz cuando atravesaba ese tipo de situaciones difíciles. En aquella época los complicados trabajos y las largas horas de estudio eran su principal dolor de cabeza. Con suerte que sus amigos no solo eran su círculo social sino que eran un dedicado grupo de trabajo.
Esteban encontró un par de libro útiles en la biblioteca para un trabajo que por algunas circunstancias habían dejado para última hora, eso lo preocupó y como siempre alentó a los demás a ocuparse del asunto lo más pronto posible. Jean fue el segundo en llegar a la biblioteca, traía su laptop y se mostró preocupado, su promedio junto con el de Esteban no eran los mejores, así que realmente necesitaba el crédito por el trabajo. Luego llegó Felipe con un aire de relajación siempre con mucha confianza de tener idea de cómo resolver este problema a tiempo, él era realmente inteligente. Y por último llegaron Mildred y su mejor amiga Sandy, juntas como siempre, en cosas de chicas. Sandy era tan bella que al entrar a un lugar era inevitable mirarla, y la biblioteca no fue nunca la excepción. Tan carismática, amiga de todos, con gracia y con un promedio académico admirable, todo lo que Mildred no era. Ella siempre fue la chica tímida y que aún con una que otra dificultad siempre se preocupaba por tener buenas calificaciones, era algo tierna y analítica, muy creativa y de algún modo se encargaba de tener a todo el grupo junto. Era la niña de los ojos de todos los demás, quienes siempre se preocupaban por hacer sentir a gusto y bajar en cierta medida su timidez. De algún modo siempre la rodeaba un aire de sentimentalismo y dulzura para con sus amigos.
Todos se sentaron en una mesa hasta el fondo de la biblioteca, el grupo era bullicioso y con frecuencia bromista hasta cuando de reuniones de trabajos se trataba. Es por eso que preferían alejarse para no molestar con susurros a las demás personas del lugar.
Abrieron la reunión con una pequeña discusión sobre las razones por las cuales este asunto tan importante había sido olvidado por todos, y después de culpar a los chicos y la nueva temporada de fútbol, comenzaron a abordar las cuestiones de la materia y revisar entre la internet y la enorme montaña de libros que Esteban había reservado.  Algunos puntos del trabajo más difíciles que otros, se repartieron y comenzaron a avanzar. Sandy en su laptop redactando todo, y Jean buscando algunas cosas en la suya, estaban a un lado de la mesa rectangular; Esteban en una esquina ahogándose en un libro tan inmenso como útil; y Felipe y Mildred al otro lado de la mesa ambos pasando páginas de libros, con la idea en común de que los libros eran más sustanciosos y organizados que la internet.
Mildred se concentró tanto en aportar al trabajo que olvidó por completo que Felipe estaba a su lado, aunque lo que había sucedido aquella tarde de lluvia -hacía ya una semana-  entre ellos no parecía lo suficientemente importante como para comentarlo, ni siquiera a su mejor amiga Sandy, ese hecho no dejaba de incomodarla y hacerla sentir extraña. Una que otra vez miró de reojo el concentrado rostro de Felipe, quien la descubrió observándolo varias veces. Mildred estaba inquietantemente apenada y volvió a perderse en el libro. Esteban se retiró un momento para buscar algo de tomar, estaba agotado. Fue entonces cuando Mildred, con una mano sosteniendo el libro, el cuerpo recostado a la mesa y el otro brazo caído sobre sus piernas bajo la mesa, sintió un cosquilleo en la mano.
La entre cerró y no le prestó a tención, pero el cosquilleo se intensificó convirtiéndose en un rose, casi caricia por encima de sus dedos. Su reacción fue algo adormitada, miró intrigada bajo la mesa y descubrió una mano tocando la suya. Era Felipe, quien con un brazo sujetando un libro y una expresión de concentración absoluta, escondía su otra mano debajo de la mesa.
Lo observó con los ojos bien abiertos y una mirada punzante, buscando una explicación a lo que hacía, pero este no le devolvía la mirada, estaba absorto entre las páginas, como si su mano bajo la mesa actuara con independencia.
-¿Qué haces?- Dijo en voz alta y todos miraron, incluyendo a otras personas en el silencioso lugar.
-¿Yo? Resolviendo la pregunta 12, ¿Acaso te pusiste a buscarla también? ¡Cielos Mildred! Te dije que te encargaras de la pregunta 11, nunca prestas atención- Dijo Felipe despistando a todos. –Encárgate de lo que te dice Felipe, Mily. Sino solo nos vamos a retrasar más- agregó Sandy, quien al estar del otro lado de la mesa, ignoraba la situación- Mildred quedó atónita, observó a Felipe a su lado como si nada, casi se podía leer la carcajada contenida en su boca. Subió su otro brazo a la mesa y se alejó un poco de él.
Estaba iracunda, no sabía que decir, pero era muy consciente de la importancia de aquella tarea, así que aunque no dejaba de preguntarse “¿Qué diablos pasaba por la mente de Felipe?”, terminó por perderse una vez más en aquel libro, ya resolvería ese asunto después. Esteban había regresado y al estar él sentado en la esquina de la mesa, Felipe olvidaría sus desagradables bromas pues sería inmediatamente descubierto.
Avanzaba el reloj y el grupo había logrado bastante, pero llegaron a un punto de agotamiento en el que las últimas partes del trabajo se hacían más difíciles. Sandy decidió tomar un descanso y salió del lugar, Felipe propuso a Esteban continuar con la redacción en la laptop de Sandy y este lo hizo sin dudar, era mucho más rápido así.
Mildred apoyó su cabeza sobre su mano izquierda tumbando su otro brazo en la silla una vez más, se encontraba agotada y comenzó a pestañear de sueño.
Esta vez no hubo preámbulo, sintió tan de pronto como los dedos de Felipe se posaban sobre los de ella y esta vez un intenso cosquilleo recorrió su brazo, sus vellos estaban de punta, era un escalofrío que se incrementaba con aquella poco usual caricia. Sus dedos me movían con suavidad entre los de Mildred, como si la textura de su mano fuera algo desconocido y agradable que él quería, disfrutaba y exploraba con su curioso tacto. Puso su mano ahora bajo la de ella como dibujando una especie de circulo en la palma con las yemas de los dedos hasta subir a los de ella y entrelazarlos con ímpetu. Acto que provocó una increíble corriente eléctrica que subió toda la columna vertebral de Mildred. Ella se asustó tanto de aquella sensación que retiró la mano y la puso sobre su pierna. Lo miró fijamente pero no obtuvo respuesta alguna. Aquello había dejado de ser una inocente broma, ella no era una niña y estaba casi segura de entender la turbia dirección que tomaban los actos de Felipe. “¿Pero qué hace?, se supone que es mi amigo, nunca se portó así conmigo, tal vez no sea la más cercana a él, pero por lo menos pensé que me respetaba” Pensó inquieta y preocupada.
Pero Felipe no se hizo esperar, ignoró la huida de Mildred siguiendo su mano hasta sobre su pierna y la tomó con intensidad apretándola fuerte. Ella sintió la respiración entrecortada  y una inquietud y desconcierto ya no por la demente actitud de su amigo, sino por la forma en que se sentía al estar tomada de la mano con él, como si estuvieran entrelazados, algo agitado, cálido y para nada propio de un simple par de amigos. Forcejeó bajo la mesa hasta soltarse y subir la mano de vuelta a la vista de todos, pero esta vez, en vez de dejarla en paz como hacía un rato, Felipe dejó caer su mano sobre la pierna de Mildred. Hizo puños con las manos y apretó las páginas del libro hasta arrugarlas, eso no lo vio venir. La mano de él se sentía tibia sobre su pierna, aún sobre la tela de los jeans que vestía. Pronto su pierna estuvo cálida y aunque no se movía, ella sentía el muslo arder en llamas bajo su mano. Su respiración se hizo profunda y comenzó a sudar. Felipe comenzó lentamente a subir su mano por la pierna de Mildred, eso marcó su colapso, no lo aguantó más.
-¡Suficiente!- Dijo en voz alta, todos miraron. –¿Sucede algo Mily?- Preguntó Jean inquieto ante esa extraña expresión, se le veía muy alterada. –Sí Mily, baja la voz, nos van a echar de la biblioteca- Repuso Felipe con una descarada tranquilidad.
-Me tengo que ir, realmente no me siento bien, si algo les falta me lo envían por e-mail- Tomó su mochila y se marchó rápidamente, lucía desesperada. –Voy a ver si le pasa algo grave chicos, se ve mal. Vuelvo enseguida- Dijo Felipe y acto seguido corrió tras ella hasta alcanzarla a las afueras de la biblioteca. La tomó del brazo con fuerza por detrás y la hizo voltear -¿Estás bien?- Preguntó con un aspecto preocupado, como si no tuviera idea.
Mildred rascó su cabeza muy alterada, respiraba con agitación -¿Qué pretendes?, ¿es esto alguna clase de broma de mal gusto? Porque no me agrada, sabes que jamás nos hemos llevado de ese modo y te vuelves irrespetuoso y descarado- Dijo sin mirarlo a la cara, daba vueltas en un mismo lugar, de verdad estaba inquieta.
-¿Irrespetuoso? Apenas tomé tu mano. Y bueno sé que tal vez tu pierna fue demasiado pero yo no pude controlarme, además no te hice nada, jamás te haría nada- Dijo en un tono increíblemente serio
-¿No me hiciste nada? ¿Crees que esto es agradable? Aprende a respetar a las chicas, Felipe, y más si son tus amigas- Mildred estaba seriamente enojada
-Respeto a mis amigas, pero tú empezaste, cuando quisiste besarme la otra tarde- Dijo Felipe con una sonrisa maliciosa.
-¡¿Qué?! Eres el colmo, ¡Déjame en paz! Nunca pensé que fueras tan desagradable- Exclamó y alzó la mano para dirigir un manotazo a Felipe, pero este la interceptó y la tomó con fuerza.
-¿Desagradable? ¿Eso piensas?, porque tu piel erizada entre mis caricias no parecía estar de acuerdo con eso- Dijo acercándose a su pálido rostro. Mildred no supo que responder, esa era una cuestión que ni ella misma se podía responder, ¿Qué le había pasado en ese momento? ¿Por qué se sentía así?, ella solo agachó la mirada –Tocarte nunca sería una broma para mí, Mily- le susurró –Aunque debo admitir que ver de reojo tu expresión fue bastante gracioso-
Lo empujó indignada y se alejó como alma que lleva el diablo. Estaba enojada, estaba desconcertada, respecto a él y respecto a sí misma. “¿Estuvo mal o estuvo bien lo que hizo?... ¡Estuvo mal!, eso es seguro, pero la verdadera pregunta es ¿Se sintió mal o se sintió bien?” Pensaba, confusión era lo más cercano a definir el estado de Mildred. Miraba su mano derecha intentando recordar cuantas veces había tocado a Felipe desde que lo conocía, nunca estuvo segura. Lo único seguro era que sintió algo que nunca antes había sentido.



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