viernes, 30 de agosto de 2013

La Primera Vez Que Te Besé

(En esta parte de la historia el mensaje subliminal es que me encanta Pretty Little Liars y me desvivo por The Vampire Diaries *_* Por eso decidí incluir imágenes de mis escenas favoritas de esas series aquí. Un abrazo a quien por azar lea esto... read u later!)

Parte 3

Las gotas de lluvia chocando con fuerza y frialdad contra el rostro y el pecho al caminar, esa sensación de que, al menos frente a ellas, se es fuerte. Es un delicioso sabor a libertad el que se experimenta al enfrentar con el cuerpo a la fría naturaleza, con buena razón a los niños les encanta salir a correr y brincar en la lluvia sin pensar en enfermarse, todo lo contrario, sintiéndose bajo la lluvia más fuertes que nunca.
Mildred observaba de pie en alguna esquina de la facultad la tempestuosa lluvia caer en su contra. Cuan gris resultaba el paisaje invernal, triste pero siempre ruidoso, se interrumpía de vez en cuando por impredecibles relámpagos que iluminaban entre las nubes a lo lejos.
Que tonta se sentía, al menos esa vez estaba mejor abrigada y usaba botas, pero no traía un paraguas, lo había olvidado de nuevo entre tantos asuntos académicos que se juntaban para aquella temporada. Al ver sus apuntes en su mochila correr riesgo de mojarse y arruinarse de nuevo, decidió seguir el sendero al borde de la pared hasta el estacionamiento, solo que esta vez sabía claramente por donde seguir para llegar hasta la parada de autobuses sin hundirse en algún charco de lodo gigante. La razón por la cual conocía bien ese camino era algo –o mejor dicho “alguien”- que no quería traer a su mente.

Se había dedicado los últimos días a sus asuntos y evadiendo a Felipe terminó por evadir al grupo entero. Se sumía en sus pensamientos y al final no obtenía nada, así que decidió no pensar más en él y esperar a que todo volviera a la normalidad, como los últimos años de su vida. Desde que conoció a sus tres amigos, tanto ella como su mejor amiga –también parte del grupo- eran mucho más felices, seguras, aprendieron cosas importantes de la vida y planeaban un futuro esplendido con ellos en él. Toda una familia. Mildred solo quería que todo siguiera así.

Caminaba a paso lento pero sostenido por miedo a resbalar, en realidad terminó por disfrutar la caminata a la intemperie.
-¡Mily, espera!- Escuchó a poca distancia. Ese llamado y una punzante sensación de “de javú” atravesaron su sistema. “Tiene que ser una broma” pensó, tomó aire y volteó. Y luego esa sensación de que justo lo que tanto temías, sucede.
-Mily, aguarda… -Dijo Felipe tosiendo un par de veces. Venía rápido y estaba agitado –El paraguas… Ven no te mojes más- decía mientras la tos lo interrumpía. Se acercó a Mildred hasta protegerla bajo el gran paraguas de color azul que traía. Hablaba con algo de dificultad. Ella escondía su enorme preocupación y ansias de preguntarle si se encontraba bien tras un rostro serio y fijo. Casi se podía decir que era una expresión de enojo, y evidentemente Felipe lo supuso debido a todo lo ocurrido.
-¿Qué pasa?...- Pero Mildred no respondía más que con su lacerante mirada fija, se notaba decidida pero en realidad no sabía ni que decirle a Felipe, por eso no hacía más que callar. -¡Oh vamos! No me digas que aun estás enojada.- Y Felipe seguía sin obtener respuesta alguna –Oye has estado evadiéndome estos día, ya no lo hagas. Prometo no tocarte ni hablarte más, solo no te alejes más… No lo soporto- Agregó aquello último con la mirada agachas y hasta un semblante de tristeza. Mildred no podía creerlo, sus palabras eran totalmente inesperadas, aquel “No lo soporto” hizo eco en su cabeza por varios segundos, no entendía porque, pero le sacó un hondo respirar, casi se podría decir que suspiró, pero supo disimularlo muy bien.

-Toma, tú llévalo y no me acercaré. Pero cúbrete- Dijo Felipe entregándole el paraguas abierto.
-¿Estás loco? Tú sujétalo, cabemos los dos perfectamente- En el fondo ella solo se preocupaba por verlo de ese modo y además “¿no hablarle?, ¿no tocarlo nunca más?” tampoco quería eso, era extremo, ¿cómo no tener contacto con él nunca más?, era su amigo, al menos esa era la palabra había usado hasta entonces sin problemas para referirse a él –Pero no te mojes, esa tos… no suena nada bien-
Aquellas palabras parecieron ser benditas para Felipe, su rostro se iluminó al escuchar que después de todo lo sucedido ella solo estaba preocupada por su bienestar. Su serena sonrisa volvió y se dispusieron seguir el sendero juntos bajo aquel paraguas.

Pronto el camino se hizo más angosto como ya era bien sabido por ambos. Esta vez Mildred caminaba junto a la pared y Felipe seguía el bordillo con gran habilidad. La cubría cada vez más con el paraguas y pronto estuvieron en contacto hombro con hombro al punto de sentir que entre Felipe, la pared y el paraguas estaban asfixiándola.
-Perdona, no me dejaré caer al agua-Dijo Felipe al ver la expresión nerviosa de Mildred, él estaba a apenas centímetros de ella, al igual que el enorme y lodoso charco de agua lluvia lo estaba de él -No me puedo permitir el placer de un chapuzón, como tú casi haces la última vez- Bromeó. De algún modo eso pareció relajar la expresión de Mildred. La verdad es que ella miraba el suelo perdida, como si buscar en sus pasos le garantizaría encontrar una forma de entender lo que sentía. No estaba enojada por el asunto de la biblioteca, no estaba enojada por las bromas y definitivamente aquello que sentía no eran nervios, era más bien ansiedad. Le ardían las mejillas al sonreír y su brazo tan junto al de él estaba dormitado del calor que le emitía Felipe. Estaban cerca que casi tropezaban.

Mildred se detuvo y él se posó frente a frente con ella, así, dando ambos un giro de noventa grados, ya el camino no era tan exageradamente estrecho, ya no estaban a punto de tropezar, ya estaban más cómodos y más importante aún, ya estaban sus ojos en contacto sin posibilidad alguna para Mildred de evadirlo.
-Yo voy primero o ¿Prefieres caminar adelante?-Dijo mirando a todas partes para tratar de disimular su respiración entrecortada.
-¿No quieres caminar junto a mí?- Preguntó Felipe mientras e incorporaba aún más.
-Sabes que no hay espacio suficiente, te caerás como acabas de decir-
-No si camino de lado, así como estamos ahora.- Estaba sobre ella, tan cerca que su alieno cálido le tentaba la piel como él único refugio en medio de la tempestad.
-¿Caminar… de lado?- Dijo Mildred, pero ya no sabía lo que decía, no estaba prestando atención, veía su boca pronunciar pero no la escuchaba, solo la observaba sin voluntad. Alzó la mirada y se encontró con sus ojos, se encontró con algo que jamás había visto o sentido. Esa no la vio venir y menos de alguien a quien había visto a los ojos durante años. De repente era una persona diferente, o mejor dicho, una persona que la hacía sentir diferente. Algo le decía que entre ellos dos las cosas jamás serían iguales. Eso la puso inmensamente nerviosa, amaba las cosas como estaban y odiaba la idea del cambio, más a tal grado. Él se acercaba con cautela pero con firmeza para cubrirla y no precisamente de la lluvia.

El silencio, de esos que no son incómodos ni densos ni tortuosos, de esos que tienen sonido y significado propio más allá de los oídos, que te avisan que algo intenso está por suceder -o mejor decir, está sucediendo- se vio interrumpido abruptamente por aquellos labios que se posaron sobre los de Mildred con intensidad propia de un sentimiento reprimido por mucho tiempo. Pero a la vez con timidez, no de inseguridad, sino con lentitud ansiosa de que un momento nunca termine, ansiosa de saborear cada segundo del momento, cada milímetro del espacio de sus bocas.
Los labios de ella respondieron con profundidad ante aquello de lo que no siempre se es consciente, y algunas veces se requieren muchas primeras veces hasta que la mente lo asimile. La mente, porque en cuanto a su corazón desesperadamente latente y a su cuerpo ardiendo en llamas, lo que sucedía era algo más que evidente y muy bien conocido desde el principio.


Felipe dejó caer el paraguas y pronto estuvieron empapados en un largo beso bajo la lluvia, a un ritmo suave pero profundo, buscaban el aliento que le faltaba a sus pechos en la boca del otro. Cualquier forma de describir el sabor de aquello se quedaba corta. Sus manos encontraron acomodo en el rostro de Mildred  y las de ella en su pecho tibio y fuerte.
Mildred no pudo evitar reaccionar. -¡No! el paraguas, no debes mojarte- Se apresuró a recogerlo y volver a cubrir a Felipe y este solo sonrió -¿Qué? No es raro que me preocupe, soy amiga… Ami…- se interrumpió a sí misma con la inseguridad que nacía al no saber si usar esa palabra estaba bien o mal.
-¿Amiga? Jaja, vamos Mily, no sé tú, pero en cuanto a mí eso de “amistad” ya está jodido- Dijo en risas y luego la abrazó. Aquello Mildred tampoco lo vio venir, pero le encantó la idea de que aun después de todo, él podía seguir regalándole aquellas sonrisas que tanto le agradaban.
-Un momento, “jodido” ¡no digas esas cosas!…- se soltó con algo abrupción - Es tan horrible, esto… esto está mal- Y se alejó rápidamente. Estaba confundida, temía. No quería perder un amigo, no quería entender lo que sentía. ¿Cómo una broma puede terminar así? Se alejó y es que al parecer le encantaba hacer eso, pero esta vez era muy obvio el amargo sabor incertidumbre que había dejado en él. 


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