sábado, 8 de junio de 2013

Cuando Un Artista Pierde La Inspiración


Buen día, espero querido lector casual que estés pasando bien. Sincerándome un poco en el blog y dejándolo aparte de "mi vida normal", así puedo escribir más cómodamente y expresarme más a gusto. Esto no es algo que tenga que ver conmigo pero fue inevitable identificarme un poco con el resultado, aquí lo dejo.

“Y entonces Clark la rodeó con sus brazos, la apretó con intensidad hacía su pecho, aunque, a decir verdad ella ya había atravesado su pecho hace mucho tiempo, después de todo era la dueña de su corazón” –Perfecto-  Pensó Marcus -¿De dónde me salen estas tonterías?- sonrió para sí mismo. En realidad no le importaba mucho a qué se debía esa innata habilidad para expresar de forma tan intensa una escena imaginaria, eso era en esos momentos su sustento.

-Hola Marcus, ¿Escribiendo a estas horas?- a veces lamentaba haberle dado una copia de las llaves de su apartamento a la única persona  que tenía la tediosa costumbre de aparecerse de la nada y sin anunciar, pero Anne era su mejor amiga y una de las pocas personas con quien contaba en su vida y era tan pegajosa que era imposible deshacerse de ella.
-Pero es medio día, ¿cuál es el problema? -Supe de la fiesta de Johan el editor, así que asumí que estarías en cama saboreando una deliciosa resaca. Incluso te traje algo de comer- dijo Anne con el tono de ironía que Marcus tanto detestaba, aunque eso no evitó que sintiera un poco de regocijo por aquel gesto, ella siempre pensaba en todo.
-Ah, eso, sí estuve en su casa un rato, regresé temprano. El ambiente no era el mejor.
-¡Vaya! ¿El vago por fin ha decidido sentar cabeza? “el ambiente no era el mejor” que pretencioso te has vuelto- ella sabía mejor que nadie que si existía alguien incapaz de decir “no” a alguna fiesta con la posibilidad de beber alcohol y despertar en el suelo con un montón de desconocidos, ese era Marcus. Él era justo lo opuesto a lo que su trabajo literario reflejaba.
-¿Quieres dejar de molestarme? Sabes que es demasiada presión la que hay sobre mí y sobre esta historia, mi asesor estuvo hablando con John Malton y el proyecto pareció agradarle. Más espectadores importantes. Es estupendo.
-¿John Malton, el fotógrafo?
-El mismo, parece que habrá algo de color e imágenes en el libro, qué estupidez.
-¿Acaso no te das cuenta de lo importante que es esto? Eres un tarado, muchos matarían por tener esta enorme oportunidad y tú solo te quejas.
-Lo sé, no me lo tienes que recordar. Estoy trabajando en eso ¿No?
-Oye, no trato de regañarte, pero ya es hora de que tomes esto enserio, es tu vida, ¡deja ya de actuar como un mocoso! -Anne realmente podía ser irritante, y Marcus sabía que tal vez él no era un ejemplar, ni la persona más académica de la industria literaria, pero realmente se estaba esforzando.
-Sí, como sea, ¿y tú?- preguntó Marcus en un poco discreto intento por calmar los ánimos y evadir el tema de “su futuro”, realmente lo odiaba. 
-Bueno yo… Vengo de ver a Arthur, él en verdad me impresionó- Marcus no podía explicar con palabras coherentes por qué al escuchar ese nombre sentía como si algo dentro de él hiciera erupción.
-¡¿Qué?! ¿Pero qué rayos hacías con él?
-No te alteres de ese modo, él estaba muy deprimido y solo necesitaba alguien con quien hablar, su mujer lo obligó a dormir fuera, ya ni siquiera lo deja ver a la bebé, ¿Puedes creer a esa mujer?
-Anne , tú…-tartamudeó Marcus inseguro sobre que debía decir-¿Al menos te estás escuchando tú misma?, estamos hablando de un tipo que está casado y engañó a su esposa ¿Qué querías que la mujer hiciera al respecto? ¿Recibirlo con rosas? Antes considero que ya tardaba en reaccionar.
-No casado, “divorciándose”- enfatizó -Es distinto, y ¿ahora te pones del lado de esa bruja y no de tu amiga?, además con Arthur, bueno todo se acabó. Ella no debería seguir torturándolo, y menos aún con la bebé.- Para Marcus escuchar Anne, su amiga, su compañera y prácticamente su única familia en la vida, aquella persona que le daba palabras de aliento cuando él se encontraba en sus peores odiseas, hablar de aquel modo tan ingenuo y hasta cierto punto irracional, para él era algo realmente tortuoso. Era ella quien cuando Marcus ya no hallaba una salida, ni podía encontrar sentido a su vida, lograba con una sola frase hacer que todo tuviera sentido. Anne tenía una elocuencia especial, era algo que él no solo admiraba, sino que amaba de ella. Y escucharla hablar sobre su turbulento romance con aquel hombre era como ve caer a su héroe. En algún momento pensó en sacudirla cual juguete de trapo y gritarle a esa jovencita irritantemente encaprichada que le devolviera a su Anne
-¿En serio crees que eres la única?- Entre tanta introspección, ni el mismo Marcus pudo entender de donde salieron esas palabras, pero no había vuelta atrás, lo había dicho.
-¿Qué quieres decir con eso?- 
-No actúes como si no lo supieras, es un hombre casado, con un hijo, una familia, ¿Crees que te toma en serio? Y si su esposa actúa como loca, es porque el hombre lo ha hecho antes. Es obvio el tipo de persona que es. Yo te conozco Anne, y simplemente no puedo aceptar que seas tan ingenua como para creer que eres la única con la que ha engañado a esa mujer, y mucho menos pensar que algún día se divorciaría para estar contigo. 
-Cielos -siseó, Marcus no era el tipo de persona que dictaba largos discursos, pero su lógica infalible, aquella a la que la misma Anne era consiente de haber estado evadiendo todos los meses que estuvo viendo a Arthur, ahora la atravesaban cual cuchillo de gran filo -¿En serio crees que soy tan poca cosa?, quiero decir, nadie nunca lo dejaría todo por mí, ¿Cierto?-
-¡Mierda, no! las mujeres entienden todo al revés.- dijo Marcus levantándose de su escritorio por primera vez, normalmente era tan distante, pero no pudo evitarlo, algo inexplicable se apoderó de él, lo levantó y lo llevó hasta Anne, tan cerca como pudo, mirándola a los ojos, para asegurarse de que entendiera bien lo que tal vez nunca sería capaz de decirle coherentemente -Eres todo menos “poca cosa” eres demasiado, eres maravillosa, perfecta, tú deberías estar con alguien que te merezca.-
-Arthur puede ser esa persona, yo sé que si esa mujer no estuviera…- Marcus normalmente no sabía qué era eso que lo impulsaba a decir cosas, pero esta vez era tan claro como el agua. Rabia, rabia era lo que sentía de escucharla insistiendo.
-Sabes, te llevas la vida diciéndome que madure y piense en mi futuro, pero deberías tomarte un minuto de la tuya para tomar tus propios consejos. Actúas como una adolescente ingenua, eres el plato de segunda mano de ese tipo y eres feliz siéndolo, engañándote a ti misma. Actúas como una estúpida, como... -Marcus no pudo continuar.
-Como una perra. ¡Dilo! Es eso lo que piensas, igual que todos. Porque lo esperaba de todos menos de ti. ¡Dilo!- gritó, pero su grito se vio ahogado por los labios de él, la ahogaba con un largo e inesperado beso, y junto con él también toda la confusión se consumía. Eran dos personas que actuaban sin preguntarse nunca o por lo menos sin aceptar que sus actos, al igual que todo acto humano, tenían un origen -no eran porque sí- eran motivados por sentimientos. Tan sencillo es nombrarlos, escribirlos, inventarlos, estudiarlos, pero nunca es simple viviros, o por lo menos admitir que están ahí dentro, buenos o malos. Se puede hablar mucho de los sentimientos, pero al final no están hechos para ser descritos, sino para ser experimentados. 
La empujó hasta llegar a la pared, y nunca dejó de sujetarla firmemente por los brazos, su beso era tan apasionado, intenso y firme como el mensaje que quería transmitirle.
-Pero que…- dijo Anne desconcertada mientras apartaba a Marcus exhorta en su confusión. Le dio una repentina bofetada casi como si su mano hubiese actuado con independencia y salió del apartamento tan pronto como le fue posible.

“Clark no sé qué haré sin ti, ¡no me dejes sola! ¡Te lo ruego!- dijo ella, con lágrimas inundando su bello y agotado rostro, estaba tan confundida. –No soy yo quien te abandona, eres  tú quien me abandonó hace tiempo. Me has dejado solo en esta lucha por tu amor, soy el único que está dispuesto a darlo todo. Pero tú no, tú has renunciado a esto, has renunciado a mí. Te has dado por vencida y has decidido permitir que ese hombre que tanto daño te ha hecho te siga poseyendo, así es, como si fueras de su propiedad. Él es tu esposo, pero morirás sabiendo que soy yo quien posee tu corazón y tú alma vivirá afligida pensando cómo sería la vida si tan solo te hubiere acompañado algo de coraje y ganas de luchar por quien amaste. Eso te falta bella mía. Y esa es una batalla en la que a mí no concierne empuñar la espada. Solo a ti corresponde” 

-¡Eso es!- pensó Marcus- Es tiempo de poner a esta cabrona a hacer algo por su vida- se dijo mientras trataba de imaginar qué peligrosa tarea o épico riesgo pondría a correr a su insípida protagonista, odiaba los personajes temerosos y sin personalidad y más aún las historias donde el héroe llevaba en sus hombros todos los peligros de la trama, mientras la estúpida doncella no hacía nada más que poner rostro de afligida en el calabozo del villano. – ¡Harás algo por él! Vamos, piensa en algo o te quedarás sin el maldito amor de tu vida- Dijo Marcus en voz baja –Vamos ¡Piensa! ¡Haz algo!- gritó mientras golpeaba el escritorio como si al estremecerlo, alguna innovadora idea fuese a aparecer –Haz algo ¡No te vas a quedar ahí sin hacer nada ¿o sí? ¡¿Vas a dejar que se vaya!?- Una lágrima se le escapó, agarraba su cabello con desesperación, y entonces lo entendió.  De repente ya no estaba escribiendo tonterías que imaginaba, de repente su hábil mente dejó de funcionar y Marcus ya no escribía lo que pensaba, escribía lo que sentía. Estos no eran los sentimientos ficticios de un personaje, eran los suyos, tan reales como el dolor punzante que sentía desde que ella se fue. Algo había cambiado en él, y su mente estaba llena de hermosas historias, pero no de novela, historias reales y todas tenían el mismo nombre, Anne. Pero ahora que ya no la tenía, él ya no podría escribir una bella historia nunca.

Después de una reflexiva caminata al supermercado Marcus abrió la puerta de su apartamento y sin chance alguno de prepararse la escuchó.
-Llamó tu agente, John Malton necesitaba una foto tuya para el respaldo del libro, le dije que no te gustaban esas cosas y le envié por e-mail la que te tomé en la cabina de instantáneas de aquella feria el año pasado.
-Pero ese día yo… Yo estaba…- tartamudeó Marcus
-Borracho, lo sé, y con un horrendo bigote. Es tu castigo por llamarme adolescente estúpida- Y al ver la sonrisa de Anne, Marcus dejó caer la bolsa del supermercado y corrió a fundirla en sus brazos, casi sin dejarla respirar. –Tú tenías razón, yo no era la única, nunca fui importante, y apenas ahora lo veo, soy tan…-
-Gracias al cielo que estás aquí, que volviste, con solo pensar que mis palabra pudieron herirte, yo…-
-¿Tú lo harías? algún día tú… ¿dejarías todo por alguien como yo?- Dijo Anne titubeante en los brazos de quien siempre fue su mejor amigo, su compañero, su confidente y ahora la persona que le abría los ojos a lo que era sentir de verdad.
-Tú, Anne, ya eres todo para mí-



-Daniela...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No te vayas sin comentar :)