domingo, 16 de diciembre de 2012

Loretta

Buen día, y antes de el fin del mundo, navidad, año nuevo y esas cosas típicas y normales de este mes -.-', me resulta indispensable pronunciarme con una pequeña historia que me ha dado vueltas en la cabeza desde hace rato. Si sobrevivo al apocalipsis maya, prometo actualizar más seguido :)
¡Felices Fiestas!







Loretta, fresca y bella como una hoja bañada por el sereno ligero del alba, se envuelve en perfume y colores desde muy temprano, preguntándose: ¿Por qué tiene que ser así?
Es libre y prisionera, feliz y triste, venturosa y desafortunada, tiene todo y a la vez no tiene nada. ¿Es todo eso posible?, si tan solo hubiese considerado dicha cuestión, tres años atrás, cuando decidió aceptar casarse cautiva de los encantos de aquel hombre mayor que llegó al humilde barrio donde ella había crecido soñando siempre con una vida mejor.
Éxito, lujos, libertad y gustos, era ese el tipo de cosas que combinaban bien con su fino rostro.
Su belleza y personalidad arrolladora, sagaz e inquieta, estaban hechas para el brillo y la admiración y no para los grotescos halagos de cualquier casanova ordinario de aquel lugar en el que le tocó crecer.
Soñaba con una profesión, poder, éxito, fama y tomarse el mundo con las manos, y se repetía cada día que no se permitiría morir hasta lograrlo.
Y aunque ese espíritu moría lentamente en la miseria de una vida de trabajo, necesidad y mugre, él, el hombre apuesto; el hombre mayor; el hombre maduro; el hombre bien parecido; el hombre de negocios; el hombre que la miró encantado desde la primera vez; ese hombre perfecto se convirtió en su boleto de salida.
Cambió de casa, de barrio, de gente, de vestidos, de aspecto, cambió de mundo. Un mundo nuevo que sí era digno de ella.
Loretta caminaba imponente de la mano de su hombre, ahora no solo era admirada, ahora era respetada, era importante -¡Vaya esposo afortunado! ¿Has visto una señora más hermosa?
Y como es normal en la vida, enorme e impredecible carrusel de sucesos, los años pasaron y al final las cosas no sucedieron como la ingenua y joven esposa había planeado. Una nueva sociedad a la que rendía pleitesía, hacía parte de ellos, pero no era una de ellos. Una sonrisa se convirtió en su único contacto con el mundo.
Su marido la muestra ahora ante las personas con orgullo, pero ¿acaso es Loretta una cara joya más que lucir?
Pobre y desdichada Loretta, tan hermosa como ambiciosa, se ha cansado de pretender que es feliz frente a la gente por una par de horas y luego volver a su castillo de mentiras a ver pasar su vida desde el balcón.
Se siente de nuevo en una jaula, solo que esta es ahora de diamantes, una cárcel de bella y brillante fachada pero inhóspito interior, igual que ella.

El hombre, aun despertando, toma la taza de café que su querida esposa le ha servido, con una sonrisa en el rostro, pensando en lo bienaventurado que es de tenerla, sin saber que, minutos antes, la bella Loretta deslizó ágilmente un par de gotas de una letal sustancia en esta, suficientes para acabar con su vida. Todo sin que ni él, ni la mujer del servicio, ni nadie lograra siquiera sospechar de lo que ella era capaz. 
Loretta, perfumada y frívola observa a su esposo desplomarse rumbo a su fin, desorientado y sin aliento, en sus últimos intentos de pedirle ayuda, mientras prepara falsas lagrimas para el público.
Ahora sí, su momento ha llegado. No más impedimentos, no más obstáculos. Grita pidiendo auxilio para su marido, pero en el fondo exclama su triunfo. 
Por fin es libre para triunfar, esta vez de verdad y para siempre. 
Pobre y desdichada Loretta, tan hermosa como ambiciosa, no sabe que su difunto esposo, poseedor de innumerables riquezas, ha decidido de manera secreta, poner cámaras de seguridad escondidas en toda la mansión, para su protección. 
¡Pero qué ironía!, ¿cómo iba a saber el crédulo hombre que de quien debía protegerse era de la impecable y angelical figura dormida a su lado y en su propia cama? 
Pobre y desdichada Loretta, tan bella como cruel, no sabe que es cuestión de horas para que los agentes ante los que ahora llora contando la supuesta historia de la repentina muerte de su marido, le quiten su preciada libertad para triunfar, y esta vez de verdad y para siempre.


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