miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Reflejo


Parte 2
Este relato me salió decepcionante corto y creí haber superado mi etapa jack-destripadora, pero esa es mi naturaleza xD ¿que se le hace?... Abducción está ahora si remontada (Ufff hice el intento u_u')... Seguiré trabajando, estudiando y poniendo empeño en esto que se ha vuelto una parte importante de mi vida y dejando nota aquí en el blog de mi progreso, fallas, ideas y experiencias vividas de la escritura en general. Y Ahora si, sin más interrupciones la segunda parte de El Reflejo... Read U Later! :)

Mientras Sofía pasaba los posteriores seis meses en rehabilitación con intenso tratamiento médico, la prensa explotaba la noticia de la muerte de un buscado asesino que traficaba con órganos de victimas ingenuas -contactadas principalmente por internet- para luego venderlos a una importante red de tráfico y trata de personas, a la cual la Interpol –además de atribuir la muerte de diez mujeres y la desaparición de por lo menos otras veintidós entre los veinte y treinta y cinco años de edad, en esa región del país- llevaba algún tiempo rastreando.
Nunca se cansaban de la trágica historia, parecía de película, hace una semana que se cumplió un año del suceso y este volvió a ser protagonista de las noticias.
Sofía era consciente de la suerte que tuvo, en ese momento todas las personas a su alrededor podrían estar en el aniversario de su propia muerte, ¡valla ironía!
El mismo día que se cumplió un año desde los acontecimientos, Sofía tuvo horribles pesadillas como en los meses seguidos a aquel día. Soñó que caminaba en una alegre feria con juegos, música, y luces, y luego entraba a la casa de los espejos, no había mucha luz, caminaba en círculos buscando la forma de salir. Se sentía perdida, escuchaba ruidos, pisadas y de repente, tras uno de los muchos reflejos de sí misma, veía un enorme par de ojos grises que la observaban desde la obscuridad. Gritaba, corría, estaban en todas partes, trataba de huir tan rápido como podía pero algo la tomaba del pie tirándola al suelo. Después de eso Sofía solo recordaba haber despertado entre gritos y llanto, sudando y bastante agitada. Siempre era el mismo sueño.
Había intentado por todos los medios olvidar aquella fecha pero nunca lo logró. No había podido dormir por una semana debido a los recuerdos.
En una ocasión, muy temprano en la mañana, tras muchos intentos fallidos de conciliar el sueño, se levantó y emprendió marcha al trabajo más temprano de lo habitual, se dirigía a Junni’s, una cafetería a unas dos cuadras de su edificio y bastante cerca de la parada de autobuses desde donde se trasportaba a la oficina cada día. El sitio solía abrir muy temprano, todos los demás sitios aún estaban cerrados, no había tráfico y las calles estaban casi vacías. Se paró frente a la cafetería del otro lado de la calle, viendo directamente la ventana de vidrio del lugar y en ella su propio reflejo. Había un hombre tras suyo al cual no prestó mucha atención hasta que este, de pie con las manos tras la espalda, descubrió un brillante cuchillo que apuntaba a ella. Alzó la mirada, pudo ver sus ojos, los reconoció. Sofía volteó inmediatamente pero no había nadie. Miró a su alrededor y además de un par de peatones a lo lejos, se encontraba sola. Observó una vez más la ventana y solo era ella misma con un aspecto pálido y nervioso.
Más tarde esa misma semana, se disponía a apagar su computador – bastante tarde ya en la noche-, se agachó en su escritorio para buscar las llaves de bodega que escondía para que Liliana de la sección de electrodomésticos, quien siempre perdía las suyas, no se las quitara. Se levantó y vio como detrás de su imagen reflejada en la pantalla se dibujaba aquel hombre con un cuchillo en su mano a punto de vulnerar su espalda. Ella gritó, pero ya todos se habían ido. Corrió mientras secaba sus lágrimas, él definitivamente había vuelto.
Espejos, ventanas, cada vidrio, el agua de su tina, en casa, en la calle, en el trabajo, en el auto, aquel horrible par de ojos la acechaba desde su reflejo con un color cada vez más vívido y cada experiencia se hacía más intensa y real que la anterior.
No dormía, no comía, no lograba hacer nada bien en el trabajo. En esa semana sus compañeros evitaban hablarle, comenzaban a verla de forma extraña, Sofía estaba cansada de esa situación, de esa historia; estaba agobiada de su presencia, de su imagen, de recordarlo, de temerle.
Se dirigió a la cafetería de la oficina, bajó las escaleras agitada con una mano tapando su rostro con objeto de evitar ver algún reflejo. Una vez allí, entró con confianza a la nevera buscando algo de agua. Martha, quien atendía la cafetería, y quien parecía ser la única que hablaba con Sofía sin tratarla como una enferma mental, la encontró pálida y entendió que había problemas -¿Estas bien? ¡Cielos chica! , estás pálida, deberías comer algo, trabajas demasiado. Toma- Dijo la señora de unos cincuenta años mientras tomaba una manzana del mostrador y se la entregaba a Sofía –Descuida, después me pagas, ya sabes cómo es esto- Sonrió –Toma un cuchillo para la fruta, pero lávala primero, ya sabes dónde está el baño-.Sofía entró al estrecho baño de la cafetería, el olor no era nada agradable así que enjuagó rápido la fruta, en realidad si se sentía débil y de seguro le caería bien algo al estómago. Volteó a la derecha y allí estaba, detrás de ella en un pequeño espejo roto. Era él, y ya ni siquiera estaba sorprendida – ¡Deja de perseguirme!- gritó con el rostro lleno de lágrimas. Él estaba ahora frente a ella, tratando de herirla una vez más, y aunque no había nadie entre el espejo y Sofía, ella persistía obcecada por la imagen que veía en él -Ella frente al espejo, él de espaldas a este y de frente a ella, interponiéndose entre Sofía y el objeto con las manos en su cuello-, hasta sentía la presión que le impedía respirar.
Estaba cegada y la única imagen real en ese momento era la que su mente le mostraba a través de aquel viejo espejo.



-¡Esto se acabó!- pensó Sofía, no lo soportaba más, si pudo vencerlo una vez, lo haría de nuevo y las veces que fuera necesario. Apretó el cuchillo con la mano derecha y lo dirigió directamente a la espalda de su atacante, justo como hizo aquel día, guiada únicamente por la imagen del espejo. Una vez el dolor la hizo volver en sí, la imagen del espejo se dispersó, y al no haber atacante, el filo del arma siguió su rumbo con fuerza hasta el abdomen de Sofía.
La Fruta rodó por el suelo del baño al tiempo que la sangre de la herida de Sofía se abría paso entre las baldosas y un tajo, semejante al que un año atrás le había salvado la vida, ahora se la arrebataba.
Martha escuchó ruidos y decidió ir a ver que sucedía, sus gritos alertaron a todos en el lugar. Se hacinaban alrededor de la escena para averiguar lo que pasaba. El alboroto y curiosidad de las personas que antes la ignoraban no se hizo esperar.
-¿Que sucedió?... -Parece que alguien se suicidó… -Parece que es del piso de tele mercadeo… -¡Oh Dios! Es la chica de las noticias del asesino que murió el año pasado… -¿La que mató al asesino? -Pobre dicen que quedó muy trastornada… -¿Por qué haría tal cosa?... -¡Qué historia más horrible!… -Dicen que se volvió loca, pobrecilla…



Fin...

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