domingo, 2 de septiembre de 2012

El Reflejo



Después de largo tiempo sin actualizar debo decir que me hacía mucha falta Dbook :3 , Pero he vuelto y con más ganas. Después de unas clases de literatura y gramática generales y de darme cuenta del desastre que resultó el anterior relato "Abducción" me he tomado tiempo de estudiar mis muchas falencias (Si, así es, ahora hablo más sofisticado), debo decir que modificaré la anterior entrada que es una vergüenza y traigo una nueva historia con mi usual toque de tragedia y maldad. Debo resaltar No Soy Editora juju Buen Día! :)

Parte 1

Sofía apretaba la mandíbula de espaldas al espejo, la fricción de sus dientes parecía calmar su rabia, pero cuando dejaba de hacerlo, la falsa sensación de tranquilidad se esfumaba abriendo paso a un intenso dolor de cabeza que terminaba por empeorarlo todo.  Ella debía estar volviéndose loca, todo estaba bien, estaba a salvo y no tenía razón válida para sentir angustia. Su gran paranoia era lo que más la enojaba, su falta de agallas para manejar la situación.

Volteó temerosa de nuevo al espejo, pero no vio nada más que su propio reflejo. ¡Que ridícula lucía! Dejó escapar un profundo suspiro de alivio.



Volvió a su cubículo y a su alrededor todo parecía normal, como era de esperarse, nadie en la oficina de tele mercadeo se percató de su ausencia.
Evitó ver su móvil apagado, la pantalla del ordenador, las ventanas o todo aquel objeto en el que pudiera ver su propio reflejo- que para ser una mujer de oficina, con una presentación personal que cuidar, representaba un gran problema-.

No podían culparla, la más horripilante y atroz imagen venía a su cabeza, un oscuro recuerdo que recientemente osaba penetrar sus sueños y convertirlos en pesadillas. La semana pasada se cumplió un año desde que sucedió aquel trascendente  y tétrico hecho. Y justo hacía ya una semana que sus ojos estaban hinchados, su cabeza le dolía, estaba cansada constantemente y claro, si hacía ya una semana que Sofía no podía conciliar el sueño en las noches ni realizar ninguna actividad regular en los días, hace una semana él volvió a acecharla.

Él era alto, rubio, de ojos azules opacos, casi grises, pálido y de mirada distante, no podía evitar recordarlo guapo y fornido muy a pesar de lo que él representaba. Llevaba seis meses hablando con él, saliendo, divirtiéndose, pasando tiempo juntos, él no hablaba mucho pero cuando lo hacía solía lanzar frases extrañas y de algún modo interesantes, sonreía poco y siempre la veía a los ojos. Era como si su mirada le pesara y casi no podía sostenerla, su expresión era oscura, sin duda misteriosa. Definitivamente eso era lo que más le gustaba de él.

Su frialdad no tenía nada que ver con timidez, en alguna ovación, mientras tomaban algo en su apartamento, ella contaba un chiste y él le gritó con propiedad – ¡Cállate! Tu risa es fastidiosa- y luego la besó y se abalanzó bruscamente sobre ella; le pareció grosero, ordinario, le pareció mal educado y extremadamente excitante. Aunque en los últimos dos meses de esa época se habían presentado infinidades de situaciones como esas, al final nunca sucedía nada de aquello con lo que Sofía había estado fantaseando tanto.
Aquella noche había preparado todo para asegurarse la velada perfecta: un exquisito vino francés que su hermana le había traído apenas semanas antes- que mejor forma de formalizar todo- y una deliciosa y poco complicada ensalada que no pudo terminar bien, pues antes de culminar de picar algunas frutas, el llamado del timbre de su apartamento interrumpió. Por fin, juntos como Sofía había planeado. Terminaron de preparar la ensalada juntos, al son de la música suave, todo era perfecto. Comieron, disfrutaron del vino, charlaron, rieron como era de esperarse, y mientras Sofía evidenciaba en su rostro la infinidad de emociones vividas, él mostraba una inerte y casi indescifrable expresión, dejando en incógnita sus verdaderos sentimientos, igual que siempre.

Se besaban y acariciaban en medio de la embriaguez, mientras se deshacían de sus ropas cual salvajes. Una vez desnudos, dando vueltas ya en el cuarto de Sofía, él la ubicó de espaldas. Ella agitada y a la expectativa observó pasar alrededor de treinta segundos y aún no sucedía nada. Extrañada y curiosa intentó voltearse para averiguar, pero él en un brusco movimiento la puso de espaldas de nuevo en su posición inicial. Sofía no entendía lo que pasaba.

Alzó la mirada en un movimiento prácticamente involuntario, encontrándose allí con el espejo donde todas las mañanas se peinaba y maquillaba. Pudo verse entonces a sí misma en aquella intrépida posición y justo detrás suyo aquella imponente y tonificada figura masculina arrodillada en su cama con el brazo alzado, portando en esa misma mano un enorme cuchillo que apuntaba directamente a su espalda.
Su estado fue de conmoción absoluta, junto a una indescriptible incapacidad para mover parte alguna de su vulnerable y descubierto cuerpo.
Lo observaba inmóvil, el cegador brillo revelaba el eficaz filo del objeto -que hasta hace algunos minutos ella, ingenuamente, utilizaba para rebanar frutas para su amado- y en contraste sus opacos ojos, que bien abiertos, estudiaban el fácil blanco, la espalda de Sofía.
Aquellos ojos que nunca revelaban expresión clara, en un par de parpadeos voltearon para encontrarse con la angustiada y atónita mirada de Sofía a través del espejo, fue entonces cuando, por primera vez, dejaron escapar una clara y muy bien determinada expresión, ansiedad. De aquel tipo de ansiedad que es posible encontrar en el depredador que tiene a su presa inmóvil bajo su garra.

Sofía brincó al instante, su cuerpo se impulsó hacia delante tan pronto como pudo pero la filosa arma ya se había lanzado con fuerza y aunque no pudo llegar a su blanco exacto, logró rasgar profundamente su pantorrilla -¡¿Qué haces Pablo?!- Preguntaba Sofía angustiada. No lo reconocía, solo podía ver un monstruo que intentaba desenganchar el cuchillo del colchón para poder atacar de nuevo -¡Detente por favor!... ¡Auxilio!- gritaba, pero todo era en vano.
Se arrastró hasta el otro lado de la habitación, tal vez sentía alguna punzada en la pierna, la adrenalina no le permitía darse cuenta de su sangrante herida. El hombre no tardó más que un par de segundos en dirigirse nuevamente a Sofía, y ella, tomando ágilmente un viejo florero que encontró a su paso –lo que pareció entonces su único golpe de suerte- lo quebró fuertemente contra su hombro, derrumbándolo y haciéndolo así, tirar el cuchillo al suelo.

Él, recuperándose del golpe, la tomó con su brazo ileso y la tumbó fácilmente a un costado de la cama. Estaba sobre ella irracional cual bestia desalmada con el único ánimo de estrangularla. Parecía poder cubrir con su mano todo su cuello. Sofía inmóvil, en lo que parecían sus últimos segundos de aliento vital, tornó con dificultad los ojos bajo la cama y el brillo del filo del cuchillo iluminó su rostro. El destello de la última esperanza de vida.
Estiró su brazo y dedos al máximo hasta alcanzarlo. El atacante enfocado en su fatal misión, ignoró la arriesgada maniobra de Sofía dándole a esta la oportunidad de incrustarle en un costado el arma, tan fuerte como le resultó posible. resultó posible.


2 comentarios:

  1. Con un poco de retraso, me paso por aquí..
    Tiene muy buena pinta... en serio
    Espero la segunda parte.
    Nos leemos!! =)

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    1. Muchas Gracias Eva. Ya está monada, me alegra que comentes y me estoy pasando seguido por los Smith :D ... Nos leemos luego, Besos!

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