martes, 27 de marzo de 2012

Ellas


Caminan cual reina erguida, rodeadas de alabanzas, ¿cómo no iban a hacerlo? si ellas son preciosas. Míralas ¿acaso no ves el desprecio en sus miradas?, acaso, si te quedas mirando fijamente, ¿no te das cuenta del sentimiento de superioridad que emana de sus expresiones?, entonces escúchalas hablar. Sus palabras son el vivo reflejo de sus mentes llenas de vacíos pensamientos.  Cuando entran a un lugar todos tienen que verlas, ellas y su deforme concepción de belleza, verlas y no precisamente a los ojos… Sus atuendos casi tan cortos como sus reflexiones internas… ¿Qué buscarán, alguien tan banal como ellas o alguien que las ayude a llenar el hueco que tienen en sus corazones?

Dicen que los ojos son la ventana del espíritu, tal vez por eso, lo último que ellos ven en ellas son sus ojos, porque sus espíritus se limitan a sus carnes, porque sus espíritus se cortan con una cantidad de monedas, porque sus espíritus no tienen nada.
Caminan con convencimiento, ¿será real o solo lo fingen?, yo aún espero que lo finjan, que su empeño en lo trivial sea solo el reflejo de sus miedos e inseguridades, porque si realmente encuentran seguridad en su huero concepto del mundo, si verdaderamente su exterior es lo que las hace sentirse bien, debe haber algo mal en sus cabezas.  Ellos las rodean, las admiran, las alagan, quiero creer que buscan algo vivo entre todas esas vestiduras muertas, ¿quién será más hueco? ¿El que se ahoga en su propia banalidad o el que ama solo por lo que ve en la superficie?

Están allí, están allá, están en todas partes y no sé qué me disgusta más, que mi mundo se esté llenando cada vez más de esos seres o que los demás las sigan fabricando. ¡Necia humanidad que patentiza la idea de que se debe comprar una lujosa vajilla así no quede comida que poner en ella!

Reinas del engaño, princesas de la falsedad, doncellas de la vacuidad, duquesas de la estupidez, ¡No las escuches más! En estos momentos están hablando de amor, lo encuentro enfermizo, ¡zafias criaturas! ¿Cómo osan definir en sus anodinos términos aquello que es sublime?, que es complejo, que es profundo, que es tan ajeno a sus desagradables naturalezas, aquello que simplemente está por encima de su corto entendimiento, porque asumiendo que la abundancia del espíritu es distinta a la abundancia de conocimientos, no se puede esperar ni siquiera, que el vacío en sus corazones se compense en sus mentes. Son inútiles, y  me disgusta infinito que respiren el mismo aire de quienes vivimos para descifrar los dilemas de vivir, de quienes tenemos mente y espíritu en la substancia y no en el estéril caparazón.

Mi prudencia me impide acercarme a sus discípulos y preguntarles qué es lo que más les atrae de ellas, sus carnosos e infectados labios, su hedor a lenocinio y fresas, sus esculturalmente promiscuos cuerpos, el falso porte de elegancia, o mejor aún, sus brillantes sonrisas, personificaciones de la hipocresía, con la que consiguen todo, desearía verlas intentando comprar salud, un atardecer, un poco del brillo del sol, felicidad.
Infectan el exquisito escenario de la existencia donde todo tiene que ser descifrado, ¿qué se puede descifrar de aquello que es solo lo que muestra y por dentro no tiene nada? ¿Si todo lo que es ya lo has visto? Tus ojos tratan de penetrar y al no encontrar nada bueno dentro se conforman con la fachada.  Anda ¡admíralas! Eso revela tu ignorancia, tu escases, solo produce hastío el plástico duro y frío que cubre la bazofia materializada, tal cual como ver un bote de basura inerte con una tapa de colores!

Reinas del engaño, princesas de la falsedad, doncellas de la vacuidad, duquesas de la estupidez, son la personificación que todo lo que la vida no debe ser.
Quién las admira, quién las ha coronado, está tan muerto el que se ahoga en su propia banalidad como el que ama solo por lo que ve en la superficie.




1 comentario:

  1. este esta bueno, expresa mucho odio hacia esas mujeres y las describe bien

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